OMPRESS-PERÚ (26-01-22) La población de Iquitos se despedía ayer del misionero agustino Nicolás Juárez, tras 65 años en la Amazonia. Nacido en León, en la diócesis de Astorga, falleció el domingo a la edad de 87 años en la capital de la provincia peruana de Loreto. La celebración eucarística fue presidida por Mons. Miguel Ángel Cadenas, obispo del Vicariato Apostólico de Iquitos. “Desde el momento en que el padre Nicolás se hizo agustino sabía que su vida estaba dedicada a la misión”, señalaba en la homilía. “Y aquí ha permanecido con nosotros, y aquí ha querido quedarse para siempre. Desde esta tierra de Iquitos lo ponemos en las benditas manos de Dios”, porque sus restos descansarán en el Cementerio General de Iquitos, donde fue sepultado tras la misa.

Nació el 26 de noviembre de 1934 en la localidad de Faramontanos de Tábara, provincia de León y diócesis de Astorga. Entró en el Seminario Menor en Valencia de Don Juan en octubre de 1948, y permaneció hasta 1952. Posteriormente pasó a Valladolid entre 1952 y 1953 para cursar Filosofía. Entre 1953 y 1955 concluyó sus estudios filosóficos en Becerril del Campo, Palencia. Recibió el hábito agustino el 27 de septiembre de 1955 en Valladolid y realizó la profesión solemne el 28 de septiembre de 1959.

Tras su ordenación sacerdotal completó sus estudios en la Pontificia Universidad de Salamanca. En 1961 partió a la misión agustina de Iquitos, en la Amazonia peruana. En un segundo destino sus superiores le destinaron a la Parroquia Santo Cristo de Bagazán. Además de su labor pastoral, una de sus preocupaciones fue la alfabetización de los adultos y la creación de un dispensario médico para que brindaran primeros auxilios y medicinas a los indigentes. Viajó y atendió a las comunidades de los ríos Amazonas e Itaya. Su tercer destino fue en Intuto, donde durante seis años, visitó los diferentes caseríos y campamentos de la zona, preparando animadores cristianos que continuaron su labor. Además de estar cerca de los pueblos autóctonos, jíbaros, urarinas y quichuas. Llegó a ser gobernador de distrito a insistencia de la autoridad provincial, lo que le permitió ayudar a los habitantes de los ríos y promover la creación de escuelas.

Tras un año sabático en Medellín, Colombia, volvió a Iquitos para hacerse cargo, como párroco, durante casi 23 años de la Parroquia Inmaculada Concepción de Punchana. Atendió y construyó las capillas de las comunidades ribereñas de Barrio Florido, Padre Cocha, Sargento Lores, Momón y Centro Fuerte. Promovió tanto en la Parroquia como en los pueblos la creación de los Centros Ocupacionales (CEO) para promocionar a la mujer en las áreas de costura, repostería, manualidades y cosmetología. Gestionó la creación de bibliotecas para los colegios.

El 14 de abril del 2001 asumió el cargo de párroco de la comunidad de Nuestra Señora del Rosario de Fátima, tras dejar con cierta nostalgia a la comunidad parroquial de la Inmaculada Concepción. Su sexto y último destino misionero fue, en febrero de 2019, ser colaborador parroquial en la comunidad de Nuestra Señora de la Salud. El 13 de mayo de 2019, día de la celebración de la Virgen de Fátima, recibió el reconocimiento de “Hijo Predilecto de Belén” por parte de la Municipalidad Distrital de Belén, por su arduo trabajo, amor, cristianismo y labor hacia los hermanos. De la misma forma, en ese mismo año, recibió un reconocimiento por parte de la Municipalidad Distrital de Punchana. En esta comunidad celebró sus Bodas de Diamante Sacerdotales, sus 60 años de misión en la Amazonía peruana. El 28 de abril del 2021 fue trasladado a la Casa de los Padres Agustinos del Colegio Particular San Agustín de Iquitos en donde residió hasta su fallecimiento.