OMPRESS-ROMA (16-02-22) A esto animaba el Papa Francisco esta mañana en la catequesis de la Audiencia General del miércoles, que concluye el ciclo que ha dedicado a San José, siguiendo la carta apostólica Patris Corde, escrita por el Papa Pío IX con ocasión de los 150 años de la proclamación de San José como Patrono de la Iglesia universal.

El Papa ha querido reflexionar en esta catequesis sobre qué significa este título dado a San José. Citando la carta “Jesús y María, su madre, son el tesoro más preciado de nuestra fe”, el Papa señala que ellos son “en un cierto sentido el núcleo primordial de la Iglesia”. Y, por eso, “”también nosotros debemos preguntarnos siempre si estamos protegiendo con todas nuestras fuerzas a Jesús y María, que están misteriosamente confiados a nuestra responsabilidad, a nuestro cuidado, a nuestra custodia”. Porque custodiar es parte de la vocación cristiana, señalaba el Papa Francisco: “custodiar la vida, custodiar el desarrollo humano, custodiar la mente humana, custodiar el corazón humano, custodiar el trabajo humano. El cristiano es —podemos decir— como san José: debe custodiar. Ser cristiano no es solo recibir la fe, confesar la fe, sino custodiar la vida, la propia vida, la vida de los otros, la vida de la Iglesia”. Debemos aprender de José, que es invocado “como protector de todos los necesitados, de los exiliados, de los afligidos, y también de los moribundos”, a custodia a “amar al Niño y a su madre; amar los Sacramentos y al pueblo de Dios; amar a los pobres y nuestra parroquia”.

Hoy que tanto se critica a la Iglesia y se subrayan sus incoherencias y sus pecados, que “en realidad son nuestras incoherencias, nuestros pecados”, preguntémonos, decía el Papa, “si, en el fondo del corazón, nosotros amamos a la Iglesia así como es. Pueblo de Dios en camino, con muchos límites, pero con muchas ganas de servir y amar a Dios. De hecho, solo el amor nos hace capaces de decir plenamente la verdad, de forma no parcial; de decir lo que está mal, pero también de reconocer todo el bien y la santidad que están presentes en la Iglesia, a partir precisamente de Jesús y de María. Amar la Iglesia, custodiar la Iglesia y caminar con la Iglesia”.

Por ello, animaba “a pedir la intercesión de san José precisamente en los momentos más difíciles de vuestras vidas y de vuestras comunidades. Allí donde nuestros errores se convierten en escándalo, pidamos a san José la valentía de enfrentar la verdad, de pedir perdón y empezar de nuevo humildemente. Allí donde la persecución impide que el Evangelio sea anunciado, pidamos a san José la fuerza y la paciencia de saber soportar abusos y sufrimientos por amor al Evangelio. Allí donde los medios materiales y humanos escasean y nos hacen experimentar la pobreza, sobre todo cuando estamos llamados a servir a los últimos, los indefensos, los huérfanos, los enfermos, los descartados de la sociedad, recemos a san José para que haya para nosotros Providencia. ¡Cuántos santos se han dirigido a él! ¡Cuántas personas en la historia de la Iglesia han encontrado en él un patrón, un custodio, un padre!”

La catequesis ha concluido con el rezo de la oración a San José:

Salve, custodio del Redentor

y esposo de la Virgen María.

A ti Dios confió a su Hijo,

en ti María depositó su confianza,

contigo Cristo se forjó como hombre.

Oh, bienaventurado José,

muéstrate padre también a nosotros

y guíanos en el camino de la vida.

Concédenos gracia, misericordia y valentía,

y defiéndenos de todo mal. Amén.