OMPRESS-NÍGER (29-04-22) Rafael, misionero de la Sociedad de Misiones Africanas, escribe desde Níger, contando que ya están en Pascua, después de llevar la cruz, una cruz, dice, “que lleva mi gente que sufre de la hambruna, de la falta de medicinas, de la violencia e inseguridad, que no se atreven a salir al campo cuando ellos son campo”.

“Aquí tenemos la Pascua, florida, recién estrenada; para todos pero de manera más concreta para nuestra comunidad de Dosso que ha celebrado el bautismo de varios niños y adolescentes y hemos celebrado la vida, la vida que Dios nos ofrece respondiendo dentro de nuestras posibilidades a las necesidades vitales que se nos presentan: niños invidentes, niños de la calle, desplazados por inseguridad y los niños más cercanos del hospital de Dosso con el esfuerzo que hemos ido haciendo durante la Cuaresma.

Buena parte de la Cuaresma la hemos vivido los cristianos con el Ramadán de los musulmanes. Nosotros ya estamos en Pascua y ellos siguen con el ayuno todavía una semana más, también es verdad que nosotros iniciamos la Cuaresma antes que ellos el Ramadán. Son cosas que nos unen, que nos ayudan a transcender nuestra existencia y acercarnos a Dios aunque su proyección difiera bastante. Nosotros, los cristianos de Dosso, formamos una pequeña, muy pequeña comunidad minoritaria dentro de una sociedad eminentemente islamizada. Contentos de serlo pero frágiles ante la variedad y densidad de colores de nuestros hermanos.

Los viernes de Cuaresma celebramos el Viacrucis al atardecer, cuando la gente ha salido de sus talleres y sus clases. Nos reunimos en el amplio espacio de la misión y seguimos el recorrido de la Pasión de Jesús: ‘Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos’. Nos arrodillamos sobre la tierra reseca e inclinamos nuestra frente hasta tocar el suelo. Sí, somos frágiles por nuestros egoísmos y ambiciones, por nuestro miedo al mismo tiempo que contemplamos las heridas y la sangre que mana de tu cuerpo. ‘Qué bien sé yo la fonte…’. ‘Perdona a tu pueblo, Señor… No estés eternamente enojado…’. Vamos cantando de estación a estación, unidos por una recobrada humildad y el espíritu interior que se despierta con todos los que me acompañan. Vamos juntos, siguiendo tu cruz, nos compadecemos de tus caídas, contemplamos el encuentro con tu madre, María, o con las piadosas mujeres… y tú sigues adelante, sabiendo muy bien lo que te espera. Me detengo a pensar en tu generosidad, lo das todo y haces de tu vida un don, más que un don un sacrificio.

He visto llorar a varias mujeres rostro en tierra murmurando las oraciones y los cánticos que nos llevan a un rincón de nuestro espíritu que habíamos desatendido con los calores del día. Semejante entrega solo puede venir del amor. ‘Amante Jesús mío…’. Desde los trópicos, con la fe y confianza que nos has dado en este país, Níger, muy pobre, donde estoy seguro que te encontrarías a gusto con la cruz a cuestas y bien acompañado, no irás solo. Es la cruz que lleva mi gente que sufre de la hambruna, de la falta de medicinas, de la violencia e inseguridad, que no se atreven a salir al campo cuando ellos son campo.

¿Sabes que son cientos de miles los desplazados, que han tenido que dejar sus casas, sus pueblos, sus campos para refugiarse en unas chozas de fortuna con la incertidumbre en el alma? Tengo también presente a los niños invidentes de Gaya que llevamos en brazos, y ahora los de Dosso de la mano, que iluminan nuestras ausencias. Y a los niños de la calle en Niamey, del tío Gilles. Son estos niños invidentes de Gaya o Dosso, los niños de la calle de Niamey, los que iluminan nuestro camino porque con ellos abrazamos nuestra cruz que se va haciendo amor y podemos cantar: ‘Victoria, tu reinarás, oh cruz tu nos salvarás’.

Terminamos el Viacrucis haciendo una colecta como esfuerzo de Cuaresma por los más pobres y con lo que hemos recogido compramos alimentos, leche en polvo y jabón para distribuirlos entre los más pobres del hospital La Madre y el Niño de Dosso”.