Las misiones y los misioneros siguen necesitando de nuestra oración, afecto y ayuda material

Las misiones y los misioneros siguen necesitando de nuestra oración, afecto y ayuda material

  • On 8 de octubre de 2020

OMPRESS-GETAFE (8-10-20) Así lo afirma Mons. Ginés García Beltrán en su carta con motivo de este Domund del próximo domingo 18 de octubre, y añade que “ellos viven permanentemente en la situación de crisis que vivimos nosotros ahora”, por lo que no deberíamos mirar a otro lado o pasar de largo.

“El profeta Isaías, en el Antiguo Testamento”, escribe el obispo de Getafe, “nos cuenta su vocación. El Señor Dios le interpela: ‘¿A quién enviaré? ¿Y quién irá por mí?’, a lo que él contesta: ‘Aquí estoy, envíame’. Esta experiencia que conocemos de labios del profeta se convierte en una imagen, en un ejemplo de toda llamada, incluso de la vocación de la Iglesia. Me permito entresacar de este texto algunos elementos para nuestra consideración:

Isaías nos pone en el escenario de su historia, personal y social. La llamada de Dios siempre se da en un momento y en unas circunstancias históricas. Dios llama en nuestra existencia personal, no llama al ideal de persona sino a esta persona concreta.

El llamado, como le ocurre al profeta, siente la confusión y la indignidad ante la llamada de Dios. Hay una desproporción inmensa entre la llamada y la repuesta, solo se puede responder desde la conciencia de la propia debilidad, pero sostenido en la confianza de la gracia.

Por último, la llamada siempre es una interpelación. Dios nos saca de nuestra zona de confort para llevarnos a la aventura de la existencia humana tocada por la voluntad de Dios de salvar a todos los hombres.

Al celebrar un año más la jornada de las misiones, el Domund, es bueno hacer memoria que la misión forma parte de la vida cristiana y está en el corazón de la Iglesia. La Iglesia existe para la misión. La Iglesia es misionera en su esencia, por eso las palabras del profeta Isaías que sirven como lema este año para el Domund, nos invitan a abrirnos, a la disponibilidad. Ante la llamada de Dios solo podemos responder con generosidad, cada uno desde su situación, lugar o posibilidad. Se comienza siendo misionero en el corazón, después cada uno lo vive como Dios le pide. Por esto, cada día podemos preguntarnos para que no se apague en nosotros la llama misionera: ¿qué me pide Dios?

El lema escogido por el Papa Francisco para el Domund de este año recoge las palabras de la profecía de Isaías que hemos citado ya: ‘Aquí estoy, envíame’. Es la confirmación inspirada en la Palabra de Dios de la visión de una Iglesia en salida, porque la Iglesia solo puede ser misionera, o no tendría razón de ser. El mismo Francisco en su mensaje para esta Jornada misionera nos explica el sentido de ese espíritu misionero de salida que quiere llegar a todos: ‘La misión, la Iglesia en salida no es un programa, una intención que se logra mediante un esfuerzo de voluntad. Es Cristo quien saca a la Iglesia de sí misma. En la misión de anunciar el Evangelio, te mueves porque el Espíritu te empuja y te trae Dios siempre nos ama primero y con este amor nos encuentra y nos llama. Nuestra vocación personal viene del hecho de que somos hijos e hijas de Dios en la Iglesia, su familia, hermanos y hermanas en esa caridad que Jesús nos testimonia. Sin embargo, todos tienen una dignidad humana fundada en la llamada divina a ser hijos de Dios, para convertirse por medio del sacramento del bautismo y por la libertad de la fe en lo que son desde siempre en el corazón de Dios’.

Este año celebramos el DOMUND en medio de la situación que ha creado la pandemia del Covid-19. Un tiempo difícil pero que podemos hacerlo también oportunidad de conversión y crecimiento, haciendo de la dificultad, posibilidad. Es buen momento para la creatividad y la imaginación, siempre vivido en oración y en generosidad. Es buen momento para salir de nosotros mismos y buscar a Dios que está en el hermano, especialmente en el más pobre y necesitado, momento para ensanchar el corazón que nos haga, con la gracia de Dios, pasar del temor a la generosidad que nos haga recobrar la alegría y la esperanza del Evangelio. Es el modo de ser misioneros en nuestro ambiente y ayudar a los demás.

Las misiones y los misioneros siguen necesitando de nuestra oración, afecto y ayuda material. Ellos viven permanentemente en la situación de crisis que vivimos nosotros ahora. Ojalá que no caigamos en la tentación que denuncia el Papa en su última Encíclica, Fratelli tutti, ‘Nos acostumbramos a mirar para el costado, a pasar de lado, a ignorar las situaciones hasta que estas nos golpean directamente’.

Quiero reiterar mi agradecimiento a todos los misioneros que entregan su vida por el Evangelio en cualquier lugar del mundo, al tiempo que los encomendamos a la intercesión de la Virgen María, Estrella de la Evangelización. Con mi afecto y bendición”.

 

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