El discurso misionero del Maestro a los apóstoles

El discurso misionero del Maestro a los apóstoles

  • On 22 de junio de 2020

OMPRESS-ROMA (22-06-20) En el rezo del Ángelus de ayer el Papa Francisco comentó el Evangelio del domingo y la invitación de Jesús a sus discípulos a no tener miedo a las adversidades que les esperan. “El pasaje de hoy forma parte del discurso misionero con el que el Maestro prepara a los Apóstoles para la primera experiencia de proclamar el Reino de Dios”, explicaba el Papa.

El miedo es uno de los enemigos peores de nuestra vida cristiana, y Jesús describe tres situaciones concretas a las que se enfrentarán sus discípulos: la primera, “la hostilidad de los que quieren silenciar la Palabra de Dios, edulcorándola, aguándola o acallando a los que la anuncian”. Pero la misión confiada a los apóstoles es difundir el mensaje de salvación que se les ha confiado: “tendrán que decir ‘a la luz día’, esto es, abiertamente, y anunciar ‘desde las azoteas’ —así dice Jesús—, es decir, públicamente, su Evangelio”.

La segunda situación con la que se encontrarán los misioneros de Cristo es, señalaba el Papa, “la amenaza física en su contra, o sea, la persecución directa contra ellos, incluso hasta el punto de que los maten. Esta profecía de Jesús se ha cumplido en todas las épocas: es una realidad dolorosa, pero atestigua la fidelidad de los testigos. ¡Cuántos cristianos son perseguidos aún hoy en día en todo el mundo! Sufren por el Evangelio con amor, son los mártires de nuestros días. Y podemos decir con seguridad que son más que los mártires de los primeros tiempos: muchos mártires, solo por ser cristianos. A estos discípulos de ayer y de hoy que sufren persecución, Jesús les recomienda: «no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma»”. No hay que temer a los que intentan extinguir la fuerza evangelizadora mediante la arrogancia y la violencia, lo único que deben temer es perder “la cercanía, la amistad con Dios, renunciando a vivir según el Evangelio”.

La tercera situación es el experimentar que “el mismo Dios los ha abandonado, permaneciendo distante y en silencio”. También Jesús sufrió esta prueba en el huerto de los olivos y en la cruz. “A veces sentimos esta aridez espiritual; no tenemos que tenerle miedo”, porque “lo importante es la franqueza, es la valentía del testimonio de fe: ‘reconocer a Jesús ante los hombres’ y seguir adelante obrando el bien”.

 

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