OMPRESS-MOZAMBIQUE (2-12-21) Comienza el proceso de beatificación de los padres João de Deus Kamtedza y Sílvio Alves asesinados en 1985, durante la guerra civil que causó un gran sufrimiento al pueblo mozambiqueño. Hoy, casi 40 años después, desgraciadamente la violencia vuelve a Mozambique.

La sesión inaugural del proceso de beatificación tuvo lugar en el Santuario de Nossa Senhora da Conceição do Zobuè, en la diócesis de Tete, a la que pertenecían João y Sílvio, conocidos como los mártires de Chapotera. Los dos jesuitas, el primero portugués, de 44 años, y el segundo mozambiqueño, de 54 años, fueron brutalmente asesinados por un grupo armado el 30 de octubre de 1985, en la misión que la Compañía de Jesús tenía en Chapotera, por servir al pueblo angónia y denunciar las atrocidades cometidas por las autoridades militares y policiales durante la guerra, por lo que fueron considerados testigos incómodos.

El misionero de la Consolata y obispo de Tete, Mons. Diamantino Antunes, ha señalado que “los padres João de Deus Kamtedza y Sílvio Alves Moreira vivieron totalmente dedicados al bien de la gente, siendo muy estimados por cristianos y no cristianos. A través de sus últimas cartas, queda claro que eran conscientes del peligro que corrían. Habían hecho voluntariamente la opción ante Dios de compartir hasta el final el sufrimiento y el destino del pueblo sacrificado. Eran conscientes del riesgo que corrían. Prefirieron correr el riesgo a abandonar a sus ovejas, cuando todo el rebaño estaba siendo atacado salvajemente. Fueron testigos incómodos de los crímenes que se cometieron día y noche contra la población. Era necesario cerrar esos ojos para siempre y cerrar esas bocas. La misión y el testimonio de los padres João de Deus Kamtedza y Sílvio Alves Moreira, interrumpidos abruptamente, nos inspiran a todos: fueron plenamente cristianos de fe, caridad y valentía. Como Jesucristo, Rey de los Mártires, se dieron a sí mismos sin medida, hasta dar vida a la muerte, que es vida sin fin. Fueron pastores iluminados, vivieron solo para las ovejas a imagen de Jesús el Buen Pastor. Un ejemplo que nos inspira y moviliza a ser una Iglesia que debe hacer todo por todos, sierva de los siervos de Dios”.

Sólo en 1992, siete años después del asesinato de los sacerdotes, se llegó a una paz, tras 25 años de guerra civil, y costó años superar la cultura de violencia que aquello conllevó. Hoy con la violencia desatada en la provincia de Cabo Delgado, en el norte, y los miles de refugiados que ha causado el control de esta zona por los yihadistas parece que vuelve aquella época tan dura para Mozambique. Como explicaba hace poco a la Agencia Fides, el padre Fonseca Kwiriwi, misionero pasionista y responsable de comunicación de la diócesis de Pemba, capital de la región, la Iglesia siempre estará al lado de los que sufren y “siempre ha estado presente, desde el comienzo de la guerra, brindando todo tipo de ayudas para contener la crisis humanitaria. Proporcionamos alimentos, apoyamos la construcción de viviendas y establecimos un centro de escucha psicosocial permanente. En cualquier caso, estamos entre la gente y colaboramos con diversas organizaciones humanitarias internacionales para el sostenimiento de la población y el logro de la paz”.