Los misioneros llevan el amor y la luz de Dios a todo el mundo pero, como sabes, hay zonas a las que es muy difícil acceder. ¿Cómo pueden llegar hasta el último rincón del planeta?

En trineo

Alaska es uno de los lugares más fríos de la Tierra y, hasta hace pocos años, el mejor transporte para moverse por allí era el trineo tirado por perros. Así se desplazaba de un pueblo a otro Segundo Llorente, un sacerdote y misionero leonés que dedicó su vida a dar a conocer a Jesús entre los inuit (esquimales). A cambio, ellos le contaban cómo abrigarse para sobrevivir al frío polar o cómo hablar a los perros para que le llevaran por el hielo. Una vez estuvo a punto de morir congelado, ¡y los perros de su trineo consiguieron sacarlo a flote!

En canoa

“Sor Adrenalina” es el nombre con el que todo el mundo conoce a la hermana Adelina Gurpegui, que lleva más de 30 años moviéndose de comunidad en comunidad por la selva de Bolivia para ayudar a los más necesitados. Y la única forma de hacerlo es en canoa: ha llegado a navegar varios días, con sus noches, bajo la lluvia y con una linterna para poder ver (y esquivar) troncos y ramas.

En burro

¿Sabes dónde está Haití? Se trata de una preciosa isla del Caribe, que quizá te suene porque hace unos años sufrió un terremoto muy fuerte… Tan fuerte que dejó a gran parte de sus habitantes sumidos en la pobreza. Allí se encuentra Natalia Martínez, misionera que recorre las montañas con clínicas móviles para que no quede nadie sin atender, ¡y traslada los medicamentos y utensilios en burros!

En moto

Pero los misioneros también usan transportes mucho más comunes en nuestro día a día. En algunos países de África, con una pequeña moto pueden ir de un pueblo a otro y no solo dar a conocer a Jesús, sino también formar a personas que no han tenido la oportunidad de ir al colegio. Como ves, ¡los misioneros siempre se las ingenian para llegar a todo el mundo!

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