OMPRESS-MADRID (21-02-22) En la tarde del pasado jueves, en el encuentro de empleados y voluntarios de las delegaciones de misiones y de las Obras Misionales Pontificias tenido la pasada semana, se contó con dos testimonios privilegiados de las ayudas que se envían a los territorios de misión.

“Gracias a las ayudas de OMP vamos viviendo los misioneros y vamos haciendo la tarea”, explicó por la tarde monseñor José Javier Travieso Martín C.M.F., vicario apostólico de San José del Amazonas en Perú, que intervino por videoconferencia. Fue el primer testimonio misionero en torno al tema “Las ayudas de las OMP vistas desde allí”. El obispo misionero explicó que, en un terreno inmenso y con pocos misioneros, las necesidades son enormes. Cada año recibe del Domund apoyo para los gastos ordinarios – unos gastos que no financian otras instituciones – y para la formación de catequistas. Por otro lado, recibe tres proyectos al año para construir casas de misioneros, locales parroquiales, rehabilitar estructuras dañadas por la climatología… Para sostener el trabajo que el vicariato realiza con los niños, cada año recibe también ayudas de Infancia Misionera. En particular, se apoya a los internados en los ríos Napo y Putumayo. Según explicó, sin ellos cientos de niños no podrían estudiar ni incluso comer. Con este dinero se ayuda también a bebés recién nacidos, y se da el desayuno a cientos de pequeños que van a las guarderías. Además, se apoya la formación misionera de niños. Y por último, explicó que el vicariato tiene 7 seminaristas formándose en diversos seminarios (Iquitos y Trujillo), y apoyados por las ayudas de Vocaciones Nativas. Mons. Travieso quiso agradecer el trabajo que se hace desde las delegaciones de misiones y desde OMP España: “Muchas gracias, que Dios nos dé salud para seguir, a ustedes donde les toca y a nosotros aquí”.

El segundo testimonio corrió a cargo de Mons. Andrés Carrascosa, nuncio de Su Santidad en Ecuador. Señaló que los nuncios garantizan, con su firma, la transparencia de todas las ayudas que envían las Obras Misionales Pontificias. Una experiencia que avala su trayectoria que le ha llevado a recorrer el mundo: Liberia, Sierra Leona, Guinea Conakry, Gambia, Canadá, Dinamarca, Brasil, Vaticano (Secretaría de Estado), República Democrática del Congo, Gabón, y Ginebra (Naciones Unidas). Y ahora Ecuador, donde hay 8 territorios de misión, que reciben el apoyo del Santo Padre todos los años a través de Obras Misionales Pontificias.

Lejos de quedarse en el despacho, el nuncio recorre todo el país y conoce todas las iniciativas de los misioneros. Así puede avalar con su firma todos los proyectos presentados a Obras Misionales Pontificias. Posteriormente, una vez aprobados en Roma, el dinero llega a las nunciaturas para que lo distribuyan. “Yo soy testigo de que este dinero llega hasta el último céntimo, y eso la gente lo tiene que saber”. Según explicó, cuando la nunciatura recibe las ayudas, se hace una declaración de que esa cantidad ha llegado y de que se ha entregado. “Llevo haciendo esto toda la vida”, apostilló.

El nuncio de Su Santidad en Ecuador ha explicado que las ayudas de Obras Misionales Pontificias no son asistencialismo ni paternalismo, sino que son signo de una “comunión de bienes”, como la de los primeros cristianos. Si no fuera así, se adulteraría la Iglesia. “Me duele que estemos perdiendo ‘misionariedad’ como Iglesia”, afirmó monseñor Carrascosa. Por ello, defendió que para ser cristianos, hay que ser discípulos y misioneros; si no anunciamos a Cristo es porque no lo vivimos. “Una mujer que compra un detergente que le va muy bien se lo cuenta a todo el mundo”, afirmó.

Tras los testimonios vino el trabajo en grupos centrado en el proyecto “una parroquia, un colegio, una comunidad”. Durante más de una los presentes en el encuentro pudieron aportar sus puntos de vista y, sobre todo, su experiencia de animación misionera a pie de calle. De las conclusiones de este trabajo en grupos saldrán parte de las directrices de trabajo de la Pontificia Unión Misional, la obra que convoca estos encuentros y que es el “alma” de las otras tres. Finalmente la jornada concluía con el rezo de vísperas y la Eucaristía, en la que se pudo poner en manos del Señor la labor de la jornada y “todo mi amor y mi pobreza”, como decía la canción del ofertorio.