OMPRESS-CÓRDOBA (2-06-21) Desde la diócesis de Córdoba han partido durante la última década muchos voluntarios, seglares, cooperantes, hacia Picota, una parroquia de la selva peruana, donde eran acogidos por los sacerdotes misioneros cordobeses que, desde 2010, no han dejado de estar presentes. Del tamaño de la mitad de la Rioja, cuenta con 46.000 habitantes diseminados en 110 núcleos parroquiales. Y año tras año han partido grupos de voluntarios en vacaciones para apoyar esta otra “Córdoba” en la prelatura de Moyobamba, en la Amazonia peruana, hasta que llegó el covid.

La diócesis de Córdoba ha entrevistado a Pablo Jesús González, que partió para Picota un verano hace dos años y sueña con volver a vivir esta experiencia, que recuerda que “casi dos años después de haber vivido aquella experiencia, mis recuerdos acerca de la misma siguen persistiendo con total claridad, así como las ganas de volver a vivirla. Los sentimientos, emociones y pensamientos que resurgen cuando pienso en aquella experiencia se clasifican en dos bloques: por un lado, la alegría que rodeó en todo momento aquella vivencia y, por otro lado, todas aquellas enseñanzas y lecciones que me transmitieron aquellas personas que formaron parte de mi experiencia en Picota (entre otros, los sacerdotes, las monjas de distintas congregaciones, mis compañeros de viaje y, sin duda, nuestros hermanos de Picota, que en todo momento nos acogieron con los brazos abiertos)”.

Pablo reconoce que “esta experiencia misionera ha supuesto una nueva perspectiva en mi día a día. Como contaba anteriormente, ha conseguido que valore de otra manera ciertas cosas, otorgándole la relevancia que realmente tiene, principalmente, la importancia de la Eucaristía en mi vida. Todo ello se traduce en un sentimiento de alegría, la necesidad de compartir mi alegría, mi Fe, con la gente de mi alrededor”.