OMPRESS-PERÚ (19-04-22) “Sencillamente un religioso que fundamentó su vida en hacer, en todo y siempre, la voluntad de Dios”, así define a Monseñor Martín Fulgencio Elorza Legaristi, primer Obispo de la Prelatura de Moyobamba, su sucesor al frente de la misma en la actualidad, Mons. Rafael Escudero. El pasado 9 de abril el Papa Francisco autorizó a la Congregación para las Causas de los Santos promulgar el decreto de las virtudes heroicas de este religioso pasionista que literalmente dedicó su vida a la misión en Perú.

La prelatura de Moyobamba había sido creada en 1948 por el Papa Pío XII, que la encomendó a la provincia pasionista del Sagrado Corazón de Jesús, una de las provincias más importantes de la Congregación de la Pasión que engloba en la actualidad España, Bolivia, Chile, Colombia, Cuba, El Salvador, Ecuador, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Perú y Venezuela. El 3 de octubre de 1953, a la edad de 49 años, era nombrado Martín Fulgencio Elorza Legaristi primer obispo prelado de Moyobamba. Durante los 17 años de su Ministerio Episcopal viajó incansablemente a lo largo y ancho de la selva, visitando todos los rincones de la prelatura. Durante la época del Concilio Vaticano II, defendió el uso de las lenguas originarias por parte de la Iglesia. Mons. Elorza construyó muchos lugares de culto, puso énfasis en la educación pública infantil, incentivando la construcción de numerosas escuelas. Trabajó para que los aguarunas de la región recibieran educación, así como la superación del analfabetismo en los adultos, y fomentó la enseñanza de la religión dentro de las escuelas. Falleció en la ciudad de Lima, el 30 de diciembre de 1966.

En la carta que su sucesor ha enviado a todos los fieles de la prelatura, con motivo de esta noticia, el también misionero español Mons. Rafael Escudero López-Brea, recordaba la labor como obispo del ahora venerable: “Desde el principio dedicó gran parte de su tiempo a las visitas pastorales a todos los lugares de la Prelatura. Vivía desvelado por la promoción de las vocaciones sacerdotales propias de la región que comenzaron a formarse en el Seminario Metropolitano de Trujillo. Se preocupó de llamar a incorporarse a la misión a congregaciones religiosas femeninas para atender la gran carencia que se daba en la educación, así llegaron las Hermanas Compasionistas y las Mercedarias de la Caridad. Para superar el analfabetismo en los adultos, creó la Escuela parroquial de alfabetización. Procuró que la enseñanza de la religión católica en las escuelas fuera de calidad y, para que esto diera fruto, se empeñó en la formación de maestros idóneos. Para que el mensaje de Cristo llegase a los niños y jóvenes se dedicó a la formación de catequistas que fueran capaces de transmitir de un modo abierto e intenso su fe. Creó los certámenes catequísticos con la finalidad de estimular a los maestros y escolares en el estudio de la asignatura de Religión. Tuvo que afrontar la construcción de la catedral de Moyobamba, la casa prelaticia y muchas capillas, en las ciudades y en los caseríos.

Centró la pastoral social en relación con Caritas; a través de esta institución se avanzó en la creación de dispensarios médicos para la atención de la población más necesitada y se luchó contra la desnutrición y la anemia, causas de muchas enfermedades; para proveer a las necesidades alimenticias de los más pobres, y especialmente de los niños, Monseñor impulsó proyectos de cultivos de soja.

Estos y muchos más son los frutos externos de la acción misionera de Monseñor Elorza, pero el secreto de su actividad desbordante estaba en su amor a Cristo y a su Iglesia. Ese amor en el seguimiento de Cristo es el que explica que el Prelado de Moyobamba fuera un obispo comunicativo, cercano a todos y santamente preocupado por las grandes necesidades que afectaban a la Prelatura. Monseñor fue una gracia muy especial para la Iglesia en Perú, cuando falleció el Nuncio de su Santidad dijo de él: ¡Ha muerto el obispo más santo del Perú!”.