OMPRESS-MALLORCA (20-10-21) Mons. Sebastià Taltavull, obispo de Mallorca, anima a sus fieles a vivir el Domund del próximo domingo, 24 de octubre, como los misioneros: del enamoramiento de Jesús a anunciarlo e ir donde se para hacerlo presente.

“Como cada año, la Jornada Mundial de las Misiones se nos presenta como el eje transversal de la vida y actividad cristiana. Ya hace unos años, el papa Francisco dejó muy claro que no podíamos separar dos aspectos fundamentales de la vida de un cristiano en relación a Jesús: por una parte, ser su discípulo y, por la otra, ser misionero, es decir, aquel que comunica lo que ha aprendido, visto y oído de su maestro. Y lo decía así: «Si uno de verdad ha hecho una experiencia del amor de Dios que lo salva, no necesita mucho tiempo de preparación para salir a anunciarlo» (EG 120). No obstante, siendo autocríticos, hemos de preguntarnos que, si no lo anunciamos, ¿no es tal vez porque aún no hemos hecho la experiencia del amor de Dios, y por eso no somos auténticos discípulos?

Por ello, dirá que «Todo cristiano es misionero en la medida en que se ha encontrado con el amor de Dios en Cristo Jesús; ya no decimos que somos ‘discípulos’ y ‘misioneros’, sino que somos siempre ‘discípulos misioneros’» (íbid.). El misionero es misionero porque se ha hecho discípulo y no puede vivir una identidad sin la otra. Es por lo que «no puede dejar de anunciar lo que ha visto y oído» (Hech 4, 20). Está tan identificado con Jesucristo que no puede hacer otra cosa que anunciarlo e ir donde sea para hacerlo presente. Es lo que viven nuestros misioneros esparcidos por el mundo, vivencia que ha ido unida a la del enamoramiento de Jesús y del Evangelio, y les ha hecho dejarlo todo para ir a vivir con los más pobres y decirles que Dios los ama. Desde aquí, la plena comunión con ellos y el agradecimiento más sincero de parte de la Iglesia de Mallorca a ellos y a los que trabajan para ellos, ya que su testimonio nos empuja y nos edifica.

¿Qué nos dice hoy a nosotros la generosidad de su gesto y, al mismo tiempo, la exigencia personal de sentirnos misioneros en los lugares y ámbitos en los que vivimos? Conscientes de la frialdad religiosa de nuestros ambientes y de la desertificación espiritual que padecemos, necesitamos recuperar la conciencia misionera para ser «misión» en medio de nuestro pueblo y entusiasmarlo por la persona de Jesús, recordándole que nadie se salva solo y que es la propia dinámica del Evangelio la que exige una creciente apertura capaz de llegar a todo el mundo y de abrazarlo. Optemos por este dinamismo misionero que proviene del encuentro personal con Jesús y hagamos de él un valiente anuncio, superando prejuicios, complejos e incluso una fe vergonzante.

Dice Francisco que «el verdadero misionero, que nunca deja de ser discípulo, sabe que Jesús camina con él, habla con él, respira con él, trabaja con él. Percibe a Jesús vivo con él en medio de la tarea misionera» (EG 266). Hagamos de este estilo nuestro vivir cristiano, proponiéndonos la exigencia de recorrer juntos este camino con Él”.