OMPRESS-MAURICIO (9-09-21) Hoy, en la Isla Mauricio, una nación insular en el Océano Índico, se celebra al beato Jacques-Désiré Laval (1803-1864), el misionero que puso las bases de la fe y cuya fiesta es todo un acontecimiento anual tanto para la Iglesia católica como para todos los isleños. De hecho, antes de la pandemia, en esta isla del tamaño de Tenerife, los días previos a la noche del 8 al 9 de septiembre, miles y miles de habitantes de la isla Mauricio se dirigían en peregrinación hacia el pequeño santuario levantado en honor del misionero. Es la “cave du Père Laval”, que el mismo Papa Francisco visitó en 2019. La policía, dada la afluencia masiva de gente, organizaba todo un dispositivo, porque “quien dice peregrinaje, dice también desvíos”, y daba información detallada de qué carreteras evitar y cuáles tomar, además de sugerir “aparcamientos disuasorios”, para quienes prefirieran utilizar el transporte público. Esta peregrinación tiene su reflejo en la que tiene lugar en la tierra de nacimiento del padre Laval, en la diócesis francesa normanda de Évreux, no tan numerosa pero que también une a normandos, originarios de Mauricio, cristianos, musulmanes e hindúes.

Este año dadas las normas sanitarias que hay que cumplir la peregrinación se ha extendido del 16 de agosto al 30 de septiembre de manera que todos puedan acercarse a la “cave”, que sólo puede alojar a 50 personas a la vez. Se ha tenido que organizar todo un sistema de registro online a través de parroquias y comunidades, y la misa televisada anual se ha celebrado ayer, 8 de septiembre, presidida por el arzobispo de Port-Louis, la capital, el cardenal Maurice Piat.

El padre Laval, el “apóstol de los negros”, como era conocido, desembarcó en Port-Louis, la capital de la Isla Mauricio, en 1841. Estaba a cargo de la población de color y formó un grupo de antiguos esclavos, que se convirtieron en sus más cercanos colaboradores. Con ellos construyó escuelas y centros de oración por toda la isla. Siempre estaba cerca de los enfermos, y también de quienes estaban en las prisiones.

Quienes han intentado explicar el amor de los habitantes de esta isla del Océano Índico por el padre Laval, consideran que se basa en que curó física y moralmente a todo un pueblo. Así fue en los años de 1854 a 1856 cuando se sucedieron en Mauricio dos epidemias, una de cólera y otra de varicela, y todo el mundo vio cómo el padre Laval se dedicó hasta la extenuación a los enfermos y moribundos. Enfermo también él al final de su vida, y tras sufrir un derrame cerebral, falleció el viernes 9 de septiembre de 1864. Fue un incansable y ejemplar misionero, uno de los tres patronos de la Conferencia Episcopal del Océano Índico.

“El amor a Cristo y a los pobres marcó su vida”, decía del padre Laval el Papa Francisco en el viaje apostólico que realizó a la isla en 2019. “Sabía que evangelizar suponía hacerse todo para todos: aprendió el idioma de los esclavos recientemente liberados y les anunció de manera simple la Buena Nueva de la salvación. Supo convocar a los fieles y los formó para emprender la misión y crear pequeñas comunidades cristianas en barrios, ciudades y aldeas vecinas, muchas de estas pequeñas comunidades han sido el inicio de las actuales parroquias”.