OMPRESS-MARRUECOS (23-11-21) A unos días del fallecimiento del hermano Jean-Pierre, último superviviente de la comunidad de monjes del Monasterio de Tibhirine, asesinados en 1996 en Argelia, desde Midelt, Marruecos, adonde se trasladó el Monasterio, escribe el misionero javeriano Rolando Ruiz.

“Estoy terminando unos pocos días pasados en el monasterio de Notre-Dame de l’Atlas y esta tarde, a pocas horas antes de mi regreso me fui a pasear por los alrededores del monasterio. No lejos se ve el alto Atlas con nieve caída ayer. Al regreso he pasado por el memorial de Tibhirine y en especial me he detenido en el pozo que recuerda el diálogo de Christian de Chergé con su amigo Mohamed. Ellos tenían la costumbre de charlar de cosas espirituales, lo llamaban cavar el pozo. Cuenta Christian en uno de sus escritos que habían pasado varios días sin esos encuentros, y que Mohamed le preguntó cuándo continuarían cavando el pozo. A lo que Christian le contestaba con otra pregunta: ¿Qué agua iban a encontrar al fondo del pozo? ¿Agua cristiana o musulmana?, con una cierta pena Mohamed le respondería: Christian, ¿tú todavía estás ahí? Vamos a encontrar el agua de Dios.

Así es, mis pensamientos e imaginación se han transportado a ese lugar en donde yo no he estado, y ahí, he recogido ese hermoso espíritu de lo que Dios está haciendo con la gente que, con sinceridad, busca a Dios, que es capaz de caminar junto a un hermano o hermana con una tradición religiosa diferente de la propia. Es esto lo que hemos venido a hacer aquí en Marruecos, cavar el pozo en búsqueda de Dios, pero no solos, acompañados de hermanos que con sinceridad viven su búsqueda de Dios haciéndola vida.

Hace cuatro días, cuando venía hacia Midelt, en el autobús, me encontré con un amigo, un joven, también llamado Mohamed. Venía de Tetuán rumbo a Midelt. Hemos hecho amistad e intercambiado nuestros contactos, y antes de ayer me llamaba para invitarme a comer a su casa. Los viernes, después de la oración la costumbre marroquí es comer un cuscús. Con alegría he podido compartir ese cuscús en su casa con su padre, su hermano y mi nuevo amigo. Dios es siempre más grande, la exquisita acogida de nuestros hermanos musulmanes desborda siempre en fraternidad. Encontrar el agua de Dios no es difícil aquí, solo que necesitamos ojos para percibir los signos de Dios y la docilidad para dejarse sorprender y guiar por su Espíritu.

Dios nos ayude a todos a encontrar amigos que quieran cavar juntos el pozo para buscar el agua de Dios”.