OMPRESS-ARGELIA (1-12-21) Hoy la Iglesia celebra al todavía beato Charles de Foucauld que, el 15 de mayo próximo, será canonizado en Roma, el hermano universal que encontró el camino a su fe católica a través del ejemplo de sus hermanos musulmanes. Fue un hombre con una trayectoria vital única. Oficial del ejército, descuidado pero valiente. Elegante vizconde disfrazado de judío errante para recorrer Marruecos como explorador, la moda de la época. Vuelto a la fe de su infancia por el ejemplo de fe del Islam. Misionero lleno de celo que vive y encarna el respeto a los musulmanes. Místico y práctico. Ermitaño, que vive relacionándose con todos. Uno más con los tuareg, de cuyo idioma se convirtió en experto.

La pequeña comunidad cristiana en Argelia se está preparando con diversas iniciativas a la canonización de Foucauld, aunque la mejor manera de conocerlo, proponen, es rezar con él, con la “oración de abandono”, escrita en una de sus meditaciones: “Padre mío, a ti me entrego, haz conmigo lo que quieras. Hagas lo que hagas conmigo, gracias. Estoy dispuesto a todo, acepto todo mientras se haga tu voluntad en mí, en todas tus criaturas. No quiero nada más, Dios mío. Pongo mi alma en tus manos. Te la doy, Dios mío, con todo el amor de mi corazón, porque te amo, porque para mí amarte es darme, entregarme en Tus manos sin medida, con infinita confianza, porque tú eres mi Padre”.

Charles de Foucauld (1858-1916) nació en Estrasburgo y tenía seis años cuando fallecieron su padre, su madre y su abuela. Su abuelo los acogió a él y a su hermana, pero la guerra franco-prusiana les obligó a abandonar Alsacia y establecerse en Nancy. Alumno brillante, se distanció de la fe. Entró en el ejército pero, dada su vida disoluta, se vio obligado a abandonarlo. Se convirtió en explorador en Marruecos y es el contacto con los musulmanes lo que le cuestiona su propia fe y le lleva a la conversión. El sacerdote que le ayudó en este paso, el padre Huvelin, le dijo algo que fue fundamental en su vida: “Nuestro Señor ha ocupado tanto tiempo el último lugar que nadie ha podido quitárselo nunca”. Entró en La Trapa, pero la vida monástica le pareció que era demasiado fácil para él. Luego pasó tres años en Nazaret, donde llevó una vida de ermitaño. Allí meditando sobre la Sagrada Familia es cuando descubre su camino: “El buen Señor me hizo encontrar lo que estaba buscando: la imitación de lo que fue la vida de Nuestro Señor Jesús en ese mismo Nazaret…”. Es vivir el último lugar con Jesús y el amor a los pequeños, lo que le lleva a salir de Nazaret y a ordenarse sacerdote en 1900. Parte como misionero con destino a Argelia, primero a Beni Abbes y luego a Tamanrasset, donde puso en práctica su programa de vida con los tuaregs, haciéndose humilde y pobre entre los pobres. En 1902 le escribió a su primo: “Quiero acostumbrar a todos los habitantes, cristianos, musulmanes, judíos e idólatras, a mirarme como su hermano, el hermano universal”. Esta expresión será retomada por Pablo VI, en 1967, en la encíclica “Populorum progressio”. Charles de Foucauld moriría asesinado el 1 de diciembre de 1916. Tenía 58 años. Su tumba se encuentra en El Meniaa, a más de 900 kilómetros al sur de Argel, en pleno desierto.