OMPRESS-INDIA (29-10-21) El próximo año se cumplirá un siglo de la llegada de los primeros misioneros vicentinos españoles – los padres paúles – a la India en 1922. Durante un siglo 55 religiosos sembraron, ahora son los paúles indios los que parten como misioneros con destino a África.

Los vicentinos de la India están celebrando el centenario de la llegada de los misioneros vicentinos españoles a la India (1922-2022) y la Provincia de la India del Sur está también a punto de celebrar el Jubileo de Plata de su creación (1997-2022). Ante estos dos aniversarios para el recuerdo, escribe el padre Anil Thomas Karackavayalil, visitador de los padres paúles en la Provincia de la India del Sur, “levantamos nuestros corazones en gratitud a Dios por las múltiples bendiciones y la gracia de hacer de los Vicentinos los canales de la bendición de Dios para muchos. En este momento histórico también recordamos con gratitud a los 55 Misioneros Vicentinos españoles, que trabajaron en la tierra de la India y fueron llamados al descanso eterno. Estoy seguro de que se están regocijando en el cielo, viendo el múltiple crecimiento de las misiones vicentinas de la India y siguen apoyándonos con su infalible intercesión”.

San Vicente de Paúl, su fundador, veía la misión ad gentes como parte inseparable del espíritu de los vicentinos, de hecho su nombre oficial es Congregación de la Misión. Fue ese espíritu el que hizo que llegaran los misioneros españoles a la India y es ese mismo espíritu, 100 años después, el que mueve a la provincia de la India del Sur de esta congregación a enviar misioneros indios a la diócesis de Zomba, en Malawi. Como si en el plan de Dios estuviera que la historia se repitiese, fueron cuatro los misioneros españoles que llegaron en 1922 a la India y son cuatro, también, los misioneros indios que llegaron el pasado 29 de septiembre a Zomba: George Kannamkulam, M. Fredy, S. Makesh y Sojan John.

Quizá dentro de algún decenio cuatro misioneros de Malawi partan con destino a… al mundo. San Vicente de Paúl decía: “Qué feliz es el estado de un misionero cuyas misiones y trabajos por Jesucristo no conocen otros límites que el mundo entero en el que viven los hombres. ¿Por qué, pues, hemos de restringirnos a un lugar y poner límites, cuando Dios nos ha dado tal extensión para ejercer nuestro celo?”.