OMPRESS-PERÚ (24-11-21) Así era conocido por el pueblo Achuar de la selva peruana y ecuatoriana el misionero Luis Bolla, un salesiano que dedicó su vida a evangelizar y defender a este pueblo. El Museo Palacio Arzobispal de Lima acoge una exposición sobre la vida de “Yánkuam Jintia”. Una exposición que, abierta hasta el 16 de diciembre, mostrará a los visitantes, a través de los objetos y las memorias del padre Bolla, la labor de la Iglesia al lado de los pueblos indígenas amazónicos.

En proceso de beatificación, Luis Bolla (1932-2013) fue un sacerdote salesiano que vivió junto al pueblo Achuar en la frontera amazónica entre Perú y Ecuador, durante 60 años. Nacido en Schio, provincia de Vicenza, Italia, en 1953 llegaba a Ecuador. Él mismo explicaba que “con el pasar de los años sentí la necesidad de un cambio en el método con la gente de las misiones y, como indicaba el Vaticano II, de abrirme a las culturas indígenas, aprendiendo de ellas y respetándolas, para que Jesús pudiera asumir un rostro indio en los rostros de los miembros de la Iglesia, como más tarde diría Juan Pablo II durante su viaje a Canadá”. Así, en 1971 se traslada a vivir entre los Achuar, un pueblo indígena que conservaba intactas sus costumbres y se convierte en uno de ellos. Se levanta a las 4 de la mañana, participa en salidas de caza y pesca y trabaja en el campo para conseguir comida; duerme en una choza sobre un enrejado de bambú, come camote, mono, pescado y bebe “chicha”. Aprendió su idioma y su filosofía, y sobrevivió a la malaria, de la que enfermó gravemente. Fue, en sus propias palabras, “una experiencia increíble; sin perder nunca mi identidad, me despojé de muchas cosas relacionadas con mi cultura y mi seguridad para que mi única seguridad fuera el mensaje de Jesús”. En 1984 el padre Bolla se trasladó a Perú entre los Achuar del sur. Era el único salesiano en un vicariato confiado a los Pasionistas vascos, en una zona sin estructuras ni apoyo alguno. Largos viajes a pie, defensa de los derechos de los indios, colaboración con algunos animadores comunitarios para anunciar el Evangelio a su propio pueblo… así era su vida. “Moverme a pie me recuerda el sentido de la eternidad y el infinito”, decía, porque “este duro viaje por ríos, pantanos y profundos desfiladeros es el pan de cada día en el que se hunde nuestra soberbia para hacernos sentir siempre débiles y pobres”. En la liturgia recurrió a los ritos, símbolos y expresiones lingüísticas de los Achuar, y dedicó diez años a la traducción del Nuevo Testamento.

Ahora, con el título “La catedral se acerca a la Amazonía”, la exposición sobre el padre Bolla, recoge las cartas e investigaciones del misionero, sus gafas, con las que descubrió y observó una nueva perspectiva del territorio amazónico, sus botas y su mochila, que tantos kilómetros recorrieron, además de otros objetos que utilizó en su labor pastoral.

“Lo más precioso es el Nuevo Testamento en achuar que él tradujo, pero no así, literalmente, sino haciéndose ayudar para que las palabras estuvieran lo más cerca posible a los mitos y la cultura Achuar”, recuerda el salesiano Vicente Santilli, que le conocía y conservó varias de las memorias del misionero. También ha recordado “su vida profunda de unión con Dios, porque él se sostenía y alimentaba con la palabra de Dios y la compartía todos los días”.