Dicen que San Francisco fue el mejor imitador de Jesús, el santo que más se le parecía. Algunos creen incluso que fue “el hombre más contento que jamás hubo en la Tierra”. De hecho, el Papa –cuyo nombre era Jorge- eligió llamarse Francisco porque desea parecerse a este santo en su amor a los pobres y a la Creación.

Francisco nació en Asís (Italia). Era un chico muy alegre y generoso, el “líder” de su pandilla. Su padre, Pietro, era un rico comerciante y a Francisco no le faltaba de nada. Por eso, cuando de pronto apareció por el pueblo hecho un harapo, la gente empezó a gritarle: “¡Loco, loco!”. Su padre se enfadó tanto con él que le encerró en un calabozo del que, gracias a su dulce madre, pronto salió.

¿Qué le había pasado al rico Francisco para desear ser pobre? Pues que un día, paseando a caballo por la campiña italiana, un leproso se atravesó en su camino (la lepra era la peor enfermedad de su época y muy contagiosa). Francisco quiso salir corriendo, pero algo le impulsó a bajarse del caballo, dar una limosna a aquel enfermo y besar sus heridas.

En los campos de aquel pueblo, había muchas cuevas. Francisco empezó a utilizarlas para rezar a solas y, otro día, paseando por allí se encontró las ruinas de una iglesia y, entre ellas, un crucifijo que le habló: “Francisco, repara mi Iglesia que amenaza ruina”. Al principio no comprendió nada, pero pronto se dio cuenta de que Jesús no le estaba pidiendo que reparara un edificio, sino los corazones de quienes formaban la Iglesia.

Desde ese instante, Francisco se hizo pobre. Había descubierto la grandeza de lo pequeño: los enfermos, las flores del campo, el sol y la luna, el viento… Dios ya le había hecho rico, no con el dinero de su padre, sino al darle la Creación entera.

Atendiendo a los más pobres y a la Creación, vivió muy contento en armonía con Dios, con los otros, con la naturaleza y consigo mismo. Se convirtió en el “juglar” de Dios (algo así como su cantante). Cantando y bendiciendo, contagiaba a todos su alegría. “Laudato Si’” es un himno que compuso para adorar a Dios por sus criaturas, ¿lo conoces?