Seis años cuidando a niños invidentes en Níger

  • On 24 de marzo de 2025

OMPRESS-NÍGER (24-03-25) El misionero Rafael Marco vuelve a escribir desde Níger para acercar la realidad de la pequeña Iglesia de este país y, sobre todo, de los avances en el cuidado de los niños invidentes de Gaya y Dosso. Como explica el mismo misionero llevan ya seis años dedicados a estos niños y se han dado muchos progresos.

Cuenta Rafael Marco, las actividades que está llevando adelante Carlos Daniel Hondo. Es “un joven invidente de Guinea Ecuatorial formado en la ONCE de Madrid durante largos años y que vino a Níger, después de un largo y complicado viaje, para enseñar a nuestros niños y formadores todo un proceso pedagógico que desconocían, además de la utilización de diverso material y métodos que parecían de otra galaxia dada nuestra ignorancia y la falta de documentación del país”. En estos seis años, ya son más de un centenar los niños que se benefician de estos centros y “de nuestra formación en los talleres de manualidades, estudio del Braille, música, internet… con la intención de seguir al más largo plazo dada la dedicación de sus responsables: Joliane, Eric, Dieudonné y Franck y formadores”.

Rafael recoge el testimonio de una chica invidente, Ramatu, que fue operada gracias a la implicación de uno de estos centros: “Me llamo Ramatu. Tengo 18 años y estoy en la escuela primaria. Soy invidente desde el día de mi nacimiento y para mí ha sido un problema muy grave porque no tenía a nadie que me ayudase. Soy de una familia humilde y mis padres, muy mayores, mi padre 82 años y mi madre 69. Al principio era mi hermana mayor la que me ayudaba hasta el día que se casó, que se fue a vivir con su marido a otra ciudad. Entonces tuve que abandonar la escuela porque me encontraba sola y nuestra casa está muy lejos, no tenía a nadie que me acompañase. Aquello fue un verdadero desastre para mí, me sentía inútil y el hazmerreír de todos: mirad, allí está Ramatu, la cieguecita. Estaba totalmente desorientada y empecé a odiarme y a detestar mi existencia.

Así viví durante algún año hasta que Dios me envió a sus mensajeros, hombres de buena voluntad que venían a buscarme a casa, me llevaban a la escuela donde podía seguir mis clases, me procuraban una comida a mediodía y me devolvían después de las clases de la tarde. Así todos los días. Pertenecían al grupo Kaariyan ma dumi; además nos ofrecían una consulta médica, oftalmológica, cada trimestre, donde me diagnosticaron cataratas. Entonces fue cuando me enteré de la enfermedad que tenía. Después de varias visitas y exámenes me dijeron que podrían operarme y que si todo salía bien hasta podría llegar a ver.

Ver alrededor de mí, ver la naturaleza, ver a mis padres, a mis compañeros de clase… No os podéis imaginar la alegría que me dieron. Tenía prisa, estaba emocionada y loca por que llegase el día de la operación y poder ver. Y el día llegó. Muy temprano mis padres me despertaron para darme su bendición rodeada por toda mi familia. Os puedo asegurar que aquello fue muy emocionante, era la primera vez que de verdad sentía el cariño de mis padres.

A las ocho de la mañana ya estaba en el hospital acompañada por mi padre y por Franck, el responsable de la salud de Kaariyan ma dumi. Enseguida vino a verme un médico, que me explicó lo que me iban a hacer, y luego me acompañó al lugar de la operación donde me prepararon antes de la llegada del cirujano; entonces sí que empecé a tener miedo, pero me consolaba la esperanza de poder ver. Vino el cirujano y debió estar conmigo unos 45 minutos operándome. Después salí del bloque operatorio y me mandaron a casa para seguir la convalecencia con mucho cuidado y volvernos a ver tres días después. Ha sido una inmensa alegría y por eso os lo cuento. Nada en el mundo podía hacerme más feliz y es precisamente lo que Dios me ha dado hoy”.

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