Salvando a los niños de las calles en Haití
- On 19 de diciembre de 2025
OMPRESS-HAITÍ (19-12-25) La misionera Paësie Phillipe, trabaja con la comunidad religiosa de la “Familia Kizito” en Cité Soleil, el barrio marginal más grande de Puerto Príncipe, la capital de Haití. Esta misionera tiene claro que su objetivo es proteger a los niños de la calle de ser reclutados por las terribles pandillas que asolan la isla caribeña.
Cité Soleil, al igual que otras zonas de la capital haitiana, está bajo el control de bandas criminales, y esto hasta el punto de que la policía no se atreve a entrar. Los coches deben circular con las ventanillas bajadas para demostrar a las bandas que no tienen nada que ocultar y que no son una amenaza. La revista Popoli e Missione, de las Obras Misionales Pontificias en Italia, explica que los niños en este barrio suelen ser reclutados por delincuentes: a los 10 años pueden ya convertirse en colaboradores del narcotráfico, participando en robos, secuestros, tiroteos o enterrando cadáveres. Las bandas controlan el territorio y han sustituido a las autoridades, dictando las normas y manteniendo todo bajo control. Es aquí, donde trabaja la hermana Paësie Phillipe.
En 2017 fundó una organización, la “Familia Kizito”, para brindar educación, albergue y apoyo a niños y jóvenes de la calle. Hoy en día, la “Familia Kizito” cuenta con siete albergues para 165 menores, seis centros extraescolares con más de 1.100 niños, ocho escuelas con casi 2.000 alumnos, 60 profesores, 12 cocineros que sirven comidas en ocho comedores y seis centros de catequesis.
Todo esto con un solo objetivo: proteger a los niños del reclutamiento de pandillas, porque, de alguna manera, los jefes criminales respetan a quienes estudian. Normalmente, las pandillas no reclutan estudiantes, sino solo a jóvenes sin escolarizar. “Los jóvenes”, cuenta la hermana Paësie a Popoli e Missione, “se sienten atraídos por el dinero, las motocicletas y todo lo que aquí nadie puede permitirse. Uno de nuestros estudiantes le pidió a un líder que lo reclutara, pero se lo negaron. De hecho, lo amenazaron si no seguía yendo a la escuela”. Esta anécdota no pretende suavizar la descripción de quienes someten con la violencia a toda una población. Simplemente demuestra que la educación, aquí más que en ningún otro lugar, es esencial para salvar a los niños de la delincuencia. En otras palabras, “la escuela se convierte en una verdadera protección para los niños”.
La hermana Paësie lleva 26 años viviendo en Haití y conoce bien este país. Comenzó su experiencia misionera en la congregación de las Misioneras de la Caridad, fundada por la Madre Teresa de Calcuta. Fue enviada a la isla caribeña y trabajó en un dispensario, un orfanato y varias escuelas antes de dedicarse exclusivamente a la educación de niños de la calle. En 2017, con la aprobación de las autoridades religiosas, dejó el sari blanco y azul de las Misioneras de la Caridad para vestir un hábito azul de tela local, fundó la “Familia Kizito”.
Pero no es fácil operar en un océano de violencia incesante. Algunas cifras ilustran la situación: solo en 2023, murieron más civiles en la isla caribeña que en Ucrania; en 2024 y 2025, las cifras aumentaron. “Recientemente”, explica esta misionera francesa, “hemos acogido a niños pequeños, huérfanos de guerra cuyos padres murieron durante conflictos armados. Nos hemos convertido en su familia”.
Además de los centros de catecismo, la “Familia Kizito” ha abierto clubes deportivos, creado equipos de fútbol, organizado talleres de manualidades, clases de música y todo tipo de actividades con un único objetivo: reunir a los niños en un lugar sano donde puedan crecer y ser amados.
Desafortunadamente, la mayoría de las familias carecen de todo. En Cité Soleil, las madres a menudo solo cocinan los domingos. “Un día”, cuenta la hermana Paësie, “una madre vino a mí porque su hijo estaba enfermo y me pedía ayuda. Luego me contó que otro niño había sido expulsado de la escuela por no haber pagado la matrícula”. Al final de la conversación, la misionera le preguntó a la mujer si había sido víctima de violación durante la guerra, es decir, entre 2019 y 2024, cuando se desató un violento conflicto entre grupos armados en Cité Soleil y muchas mujeres fueron violadas. “Esa madre”, añade la hermana, “me contó una terrible historia de violación a manos de varios hombres. Estaba llorando. Luego concluyó diciendo: ‘Bondye konnen’ que significa ‘el Señor sabe’, volviendo a centrar la conversación en las necesidades de sus hijos. Dijo esta frase con gran paz. He escuchado a otras personas decir esta frase, siempre con la misma paz. Lo considero una profesión de fe en un Dios presente y benévolo: sí, esta tragedia ocurrió, pero Dios está ahí, y sigo confiando en Él”.

