Recordando el paso del covid por Chad

  • On 26 de marzo de 2025

OMPRESS-CHAD (26-03-25) La hermana Ximena Cabezas pertenece a la congregación de las Misioneras de Cristo Jesús, una congregación fundada en el pueblo donde nació el patrón de las misiones, Javier. La misión la ha llevado al Congo, a Camerún y a Chad. En este último país le tocó vivir la época del covid-19.

El lugar del Chad donde le tocó vivir aquella dura experiencia fue el vicariato apostólico de Mongo, en el sur. Se trata de una zona saheliana con más verdor que la del desierto del Sáhara en el norte. El vicariato abarcaba casi la mitad del país, con una extensión de 540.000 kilómetros cuadrados, mayor que España. La hermana Ximena cuenta que, “al este está Sudán con una afluencia de refugiados enorme. Al norte es la parte desértica y hace frontera con Libia. Dicen que por ahí entran los rebeldes para desestabilizar el país. Y, al sur, está Centroáfrica que cómo sabemos está un conflicto desde hace muchos años. Por lo tanto es una zona de mucha vulnerabilidad en todos los aspectos. En el aspecto religioso está amenazado por los islamistas del Boko Haram. En el aspecto social es una región de extrema pobreza. En el aspecto ecológico estamos en la zona saheliana que es una zona pre desértica con mucha escasez y mucha falta de agua y de recursos naturales”.

Entrevistada por las Obras Misionales Pontificias, la misionera recuerda que “cuando vives en situaciones como extremas cómo se puede enfrentar un acontecimiento de la magnitud del covid, con muchas noticias alarmantes y catastróficas”. Añade que tenían dos opciones “o recibirlo con pasividad y te preparas para lo peor, teniendo en cuenta que en todo el país solo había un único respirador, se sufría una gran escasez de agua y faltaba el material básico para afrontar aquella catástrofe”. La otra opción, decía la hermana Ximena era “plantarle cara y organizarse”. Así que se organizaron y lo primero que afrontaron fue la sensibilización: “Había que informar a la población sobre lo que era el covid y cómo protegerse”. Adaptaron el vehículo de la misión, para convertirlo en un “coche de sensibilización” y “lo pintamos con lo que era el covid y salíamos por los poblados con un altavoz comunicando y anunciando”.

Pero, añade, “no podías decir solo cómo protegerse sin facilitar los materiales necesarios para hacerlo”, así que también se organizaron en esto. Las jóvenes que seguían los cursos de corte y costura “se pusieron a fabricar mascarillas, ropa de cambio para los enfermeros y el personal sanitario, para los centros de salud y para los hospitales del territorio del Vicariato. Hay alrededor de ocho hospitales regionales y muchos centros de salud”. Las mujeres también se organizaron para hacer jabón artesanal: “Sosa cáustica, aceite de cacahuete o de palma, áloe vera y todas se pusieron manos a la obra”. Explica la hermana que, “aunque teníamos algo de agua, esta no era muy potable que digamos”, así que junto a grupos de jóvenes de las diversas parroquias y misiones se dedicaron a purificar agua, a crear lejía y otros productos, que “repartimos entre la población, de forma gratuita y sin distinción de personal. A todos”.

Es cierto, como reconoce la misionera, que “gracias a Dios en África no se sufrió lo que se vivió en Europa o en otras partes del mundo, pero lo que sí teníamos claro es que el covid no nos encontraría distraídos”. Además “en el Chad no hay posibilidad de aislarse, se vive en la calle, las casas no están adaptadas para vivir en su interior, incluso se duerme bajo las estrellas”. Si bien este hecho parecía una desventaja, el Sol fue un gran aliado, porque “entre febrero y mayo se alcanzan de 45 a 48 grados de temperatura, y ante eso cualquier pandemia se derrite”. Otra ventaja es que la población del país es muy joven, 15 a 17 años de edad media. También hay otros factores, como es la malaria: “Si cada año pasas una o dos, lo que no te mata te hace más fuerte”. Ante enfermedades como la chikungunya –virus que da fuertes fiebres y dolores en las articulaciones, de hecho la palabra significa “doblado de dolor”– el covid se recibió como otra gran enfermedad a la que hacer frente. “La forma de afrontar la vida”, concluye la hermana Ximena, “de vivir el momento presente, de confianza en Dios fueron también factores fundamentales para vivir aquellos días”.

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