Más muertes olvidadas en Sudán

  • On 9 de marzo de 2026

OMPRESS-SUDÁN DEL SUR (9-03-26) La noche del pasado 28 de febrero eran asesinados casi doscientos civiles en una nueva masacre, en esta ocasión en Ayod y Abiemnhom, en el área administrativa de Ruweng, en Sudán del Sur, cerca de la frontera con Sudán. La Conferencia Episcopal de ambos países condenaba la masacre y pedía que se pusiera fin a los ciclos de represalias mortales.

“Renunciemos a la cultura de la venganza mortal. Con honestidad pastoral, debemos afrontar una dolorosa verdad: la cultura de la venganza mortal se ha arraigado profundamente en sectores de nuestra sociedad”. Los obispos subrayaban que “los ciclos de represalias, alimentados por la ira, la culpa colectiva y los agravios históricos, siguen destruyendo familias, debilitando comunidades y privando a nuestros hijos de su futuro. La venganza no es justicia”. Con el corazón abatido por el dolor y el espíritu alarmado por la “persistente crueldad de la violencia”, los diez obispos, que firmaron la declaración el 4 de marzo, calificaron los asesinatos de “atroces y sin sentido”, declarando que “no puede haber justificación alguna para el asesinato de civiles inocentes. Tales actos son una ofensa contra Dios, el Autor de la Vida, y un grave pecado contra la humanidad”.

Los obispos expresaron que estaban preocupados no solo por la magnitud del sufrimiento sino también por el flagrante desprecio por la dignidad humana demostrado en tales actos: “La sangre de nuestros hermanos y hermanas, madres y padres, hijos e hijas, derramada no en un campo de batalla sino dentro de sus propias comunidades, clama al cielo”.

Exigen a los gobiernos de transición de ambos países que los incidentes de Ayod, y también los ocurridos en Abiemnhom, se investiguen exhaustivamente, de manera que los perpetradores y responsables sean identificados y llevados ante la justicia conforme a la ley. “El pueblo de Sudán del Sur está cansado de palabras sin hechos”. Los obispos en representación de la Iglesia en Sudán del Sur y Sudán expresaron su inquebrantable solidaridad con las comunidades de Ayod y Abiemnhom, que, una vez más se habían visto “sumidas en el duelo, el miedo y el desplazamiento”. Los mismos obispos de las diócesis de Malakal y Bentiu, se han visto directamente afectados por la violencia, por lo que la declaración también transmitía su cercanía a sus sacerdotes, religiosos y fieles laicos “que trabajan valientemente en estas diócesis heridas”.

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