Lo que más le preocupa a Dios son las personas
- On 6 de febrero de 2026
OMPRESS-MADRID (6-02-26) La misionera Rosa María Ortega Esteban, miembro de la Fraternidad Misionera Verbum Dei, intervenía el pasado miércoles, 4 de febrero, en el seminario organizado por la Cátedra de Misionología de la Universidad San Dámaso de Madrid, con el tema “Dios pasa por la vida del misionero”. Rosa María, médico, ha sido misionera en la República Democrática del Congo y Costa de Marfil, ahora se dedica a la animación misionera en España. Como ha expresado en varias ocasiones: “La misión no es una profesión ni una actividad, es mi identidad profunda”. Fue este el tema central de su intervención.
Haciendo un recorrido por el gran despertar misionero del siglo XIX inicios del siglo XX, y pasando por figuras como los Papas Benedicto XV y Pío XI, por la Beata Pauline Jaricot y Santa Teresa del Niño Jesús, se detenía en la figura de Don Ángel Sagarmínaga. Del que fuera el primer director nacional de las Obras Misionales Pontificias en España, citaba unas palabras, con las que Rosa se sentía muy identificada: “Se ha hablado más de diversas misiones que de la Iglesia misionera, más atención se ha pedido para los misioneros que para el misionero, nos hemos preocupado más de pedir que de dar; y hemos pedido más al cristiano lo que le sobra… qué pocas conferencias a los ancianos desamparados y a los asilos de pobres; cuán desmayados e ineficaces los trabajos de propaganda misional en los barrios necesitados; parece que vamos a quitar algo. Cómo los fieles no habrán de considerar las misiones como algo contrapuesto a sus intereses, si parece que lo único que vamos a sacar es dinero. Busquemos socios. Pidámosles su cooperación, pero su cooperación integral”.
Con el concilio Vaticano II y el decreto misionero “Ad gentes” se pasa de una visión “territorial”, de saber “adónde vamos”, a un “por qué vamos y para qué”. Se trata de una fundamentación teológica de la misión. “Se pasa de la ‘conversión de infieles’ a una Iglesia misionera en todas partes y por naturaleza”. La actividad misionera de la Iglesia es el deber de todo el pueblo de Dios, no solo de unos pocos.
Interesante en la intervención fue el paso de esta visión teológica y eclesiológica a su propia vocación, a cómo nació en la Universidad, cuando hacía la carrera de Medicina. “Lo que más le preocupaba a Dios eran las personas”, y así comenzó su vocación. Un enfermo terminal y desahuciado que le pedía “razones de esperanza” le conmovió el corazón. Su ser misionera le ha llevado a darse cuenta de que Dios puede hacer fecunda su vida porque es misionera siempre, cuando ora, cuando habla, cuando evangeliza… Siempre con el convencimiento de que el paso de Jesús por la vida de una persona lo cambia todo: “No es lo mismo vivir conociendo a Jesús que sin conocerlo”.
La intervención completa se puede ver aquí.

