La generosidad de un fundador recompensada por un impresionante florecimiento misionero

  • On 23 de febrero de 2026

OMPRESS-ROMA (23-02-26) El Papa León XIV recibía a dos congregaciones de profunda espiritualidad misionera, los Misioneros Oblatos de María Inmaculada con motivo del bicentenario de la aprobación papal de sus Reglas y Constituciones, y a las Hermanas de Nuestra Señora de los Apóstoles por el ciento cincuenta aniversario de la fundación. Ambos institutos, apuntaba el Papa, comparten muchos rasgos: sus años de fundación, su patria, Francia, y, sobre todo, su vocación misionera.

“Me ha enviado a predicar el Evangelio a los pobres” era el lema que San Eugenio de Mazenod, su fundador, eligió para los Oblatos. Un santo, cuyas palabras y acciones, “en defensa de la dignidad de los pobres, obreros y campesinos, explotados como recursos productivos e ignorados en las necesidades más profundas de su humanidad, son contundentes y provocativas”. El Papa León XIV apuntaba sobre todo la audacia con la que respondió “a la petición de ayuda de su hermano en el episcopado, el arzobispo Bourget de Montreal, enviando religiosos primero a Canadá y luego a otras partes del mundo: Europa, África y Asia”. Y esta generosidad “se vio recompensada, de hecho, por un impresionante florecimiento misionero y vocacional, lo que testimonia cómo la docilidad a las inspiraciones del Espíritu Santo y la atención a las urgencias de la caridad son, para toda fundación, fuente de fecundidad y fermento de crecimiento”.

Hoy, con más de tres mil religiosos repartidos por setenta países, los Oblatos siguen ejerciendo vuestro ministerio “con la misma apertura preferencial hacia los más desfavorecidos, enriquecidos por el precioso don de una extensa familia carismática y una creciente interculturalidad”.

Las Hermanas de Nuestra Señora de los Apóstoles, fundadas por el padre Agustín Planque, con un evidente propósito misionero, “para asegurar la indispensable presencia de las mujeres en las obras de la Sociedad de Misiones Africanas”, han sido cauce a la misión para muchas mujeres. Son mujeres que han dado su vida, “debido a la dureza del trabajo misionero, la exposición a enfermedades y, en los últimos tiempos, el martirio” y que siguen presentes en contextos difíciles. El Papa las animaba a proseguir esta misión, “siendo cada vez más, allí donde trabajáis, testigos de fraternidad y de paz”.

La recomendación del Papa a ambas congregaciones ha sido “preservar un espíritu de familia sincero y generoso en sus comunidades”. Un espíritu de familia que surge “ante todo del encuentro con Dios, de la Eucaristía, de la oración y la Adoración, de la escucha de la Palabra y de la celebración de los Sacramentos. Desde allí, desde el Altar y el Sagrario, crece en los corazones, llenándolos de esos sentimientos de compartir y afecto, de cuidado y cercanía paciente, que siempre deben caracterizarnos y que nos convierten en un espejo del amor de Dios en el mundo”.

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