Abrazando a los crucificados de nuestros días: 100 años de los oblatos en Paraguay

  • On 18 de diciembre de 2025

OMPRESS-PARAGUAY (18-12-25) El 12 de febrero de 1925 se creaba la prefectura apostólica de Pilcomayo, que lleva el nombre del río que marca la frontera en Paraguay y Argentina. Fue encomendada a los Oblatos de María Inmaculada que, desde entonces, han vivido la misión en esta región del Chaco paraguayo. Fueron cinco misioneros alemanes, los primeros oblatos en hacer realidad lo que la Santa Sede había creado y comenzaron la labor misionera el 23 de diciembre de 1925 en una zona disputada por Bolivia y Paraguay y que tristemente llevaría a la Guerra del Chaco (1932-1935) que enfrentó a ambos países. En 1950 la prefectura apostólica se convertiría en el vicariato apostólico de Pilcomayo que es hoy. El vicariato abarca una superficie de 125.000 km², con cerca de 59.000 fieles dispersos en este vasto territorio bastante más grande que Portugal, con hasta ocho etnias distintas.

Al frente de esta circunscripción eclesiástica de misión han estado ocho oblatos. Seis de ellos como obispos desde que se convirtiera en vicariato, y cuyas nacionalidades muestran el compromiso de la los Oblato con la misión en Paraguay: cuatro alemanes, un misionero de Estados Unidos, un belga, un francés y un misionero español nacido en Burgos, Mons. Sinforiano Lucas Rojo, que fue obispo de 1962 a 1981.

Precisamente, junto al centenario de su presencia, los oblatos también están celebrando el centenario del nacimiento de uno de estos responsables de la misión en Paraguay, Mons. Piet Shaw. Belga de nacimiento su nombre pronto lo cambiaría a Pedro, como constaba en su momento hasta en el Anuario Pontificio, aunque la población indígena le acabaría conociendo como Pa’i Puku, “padre alto” en guaraní, haciendo referencia a sus dos metros de altura. En proceso de beatificación, fue misionero en Paraguay durante 32 años, los últimos tres, hasta su fallecimiento, como obispo. En el camino de su misión no había obstáculo que lo parara, recuerdan los que le conocieron. Se trasladaba a caballo, en cachapé, la típica carreta paraguaya, y, a veces a pie, por áridos desiertos y por extensos bañados, atravesando ríos y pantanos… Su entrega sin horarios y sin límites hacía que la gente le tuviera gran veneración.

Ante de Nuestra Señora de Caacupé, patrona de Paraguay, se reunían los oblatos para dar gracias por este aniversario. El Superior General del a congregación, el padre Luis Ignacio Rois, aprovechaba, en la homilía de la misa que se celebró, para dar gracias pero no con “una mirada nostálgica encerrada en el pasado”, sino haciendo “un ejercicio de esperanza” porque “el Señor que ha estado presente en estos últimos 100 años, está presente hoy y lo estará hasta el final de la historia”. Y a la Virgen de Caacupé le pedía, en nombre de los de tres mil trescientos oblatos esparcidos por todo el mundo y por las muchas personas unidos a esta familia espiritual: “Que sepamos estar como tú, al pie de la cruz del Señor, abrazando a los crucificados de nuestros días y cuidando y protegiendo a los más vulnerables. Que sepamos vivir y mostrar el amor de Jesús que muere y resucita por nosotros. Que sepamos anunciar esta esperanza a nuestros hermanos”.

Comparte esta noticia en: