‘Patu’ Pareja (Hakuna): “En la misión descubrimos nuestra identidad”
- On 26 de febrero de 2025
Patricia ‘Patu’ Pareja es responsable de acción social de Hakuna. En esta entrevista concedida a las Obras Misionales Pontificias habla de fe, de amor a Dios y a los demás, y de cómo las experiencias de misión ayudan a descubrir a Dios en cada rincón de la vida, en las personas, y en lo que nos rodea. Esto fue lo que cambió su mirada y su corazón.
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P: ¿Quién eres y cómo fue tu encuentro personal con Jesús?
Soy Patricia y trabajo en la Fundación Hakuna desde hace ya cuatro años, en todo lo relativo a la acción social, a la misión, al “compartiriado” que llamamos. Diría que mi encuentro con Jesús ha sido muy normal. Ha sido un proceso a lo largo de toda la vida. No ha habido ningún gran punto de inflexión. De alguna manera le he ido redescubriendo, sobre todo viviendo la vida. En la propia vida, si sabemos mirar, se puede intuir su amor en todo. Y ahí le he encontrando en determinados momentos de mi vida. Y sí que ha tenido un papel importante todo lo relacionado con la caridad, porque en el servicio y en el encuentro con personas, que igual viven una necesidad explícita, me he encontrado mucho con Él.
P: ¿Cómo conociste Hakuna?
Mi primer contacto con Hakuna fue cuando acabé la universidad porque un amigo me habló un poco de todo esto, y estuve en una escapada, como llamamos a los viajes de misión, y a partir de ahí empecé poco a poco a involucrarme con el grupo de música, también con el “compartiriado”, empezamos a ir a la Cañada Real.
P: ¿Y tu contacto con las experiencias de misión?
El tema de la misión ha estado bastante presente en mi vida. Creo que en el mundo en el que vivimos lo que nos hace mucho ruido es el ‘yo’. Pero, al final, como que nos damos cuenta de que la vida está bien hecha cuando vivimos fuera de nosotros mismos, cuando vivimos más en un ‘tú’. En un momento dado de mi vida, de repente me hago la pregunta de: oye, ¿todo el mundo vive como vivo yo? ¿Esta realidad que yo vivo es la realidad de todo el mundo? Y me doy cuenta de que no, entonces de repente tengo un deseo muy grande de acercarme a esa otra realidad. Me hace de alguna manera salir de mí misma y ser capaz de ver la belleza del mundo. La primera vez que fui a África fue a Benín.
P: ¿Qué cambia una experiencia fuera de España respecto a los voluntariados en Madrid?
Pues probablemente con respecto a Madrid, que todo se movía en otro paradigma, por así decir. También es cierto que aquí en el mundo en el que vivimos, tengo mi trabajo, familia, amigos y tal, y el rato que dedicas a estar con la gente es un tiempo acotado. En cambio, cuando te vas de misión, por ejemplo un mes, de alguna manera tienes la posibilidad de sumergirte más en esa realidad y, por otro lado, te das cuenta de que todo se mueve en otra dirección. Aquí el centro es el yo, el hombre, y allí, probablemente consciente o inconscientemente, es mucho más teocéntrico, mucho más Dios.
Entonces te permite entrar en esa intimidad con Jesús de una manera más radical. Este verano, por ejemplo, que estuve en un viaje de misión, me acuerdo que volvía en el avión diciendo, ya verás, ahora que vuelvo a mi vida… Había sido muy feliz, después de un proceso de adaptación, porque evidentemente te tienes que sobreponer a ciertos límites de cansancio, de calor, de muchas cosas. Después de sobrepasar esos límites, te das cuenta de que la vida es bella y que así eres feliz. Volvía y decía, ahora otra vez me voy a meter en las dinámicas de mirarme a mí misma, de la comodidad, de que se me va a olvidar todo esto. Pero realmente Dios y el Espíritu Santo no está en un solo lugar, está en todas partes y en la vida que yo vivo también hay muchísimas oportunidades para amar, lo que pasa es que están silenciadas. Igual en un país más pobre el grito es explícito, la necesidad es explícita, y todo te llama a salir de ti mismo, aquí no. Pero hay que romper con esto. Cuando me venga esa tentación, saber que aquí tengo todos los días muchas oportunidades para darme a los demás.
P: ¿Crees que es importante que los jóvenes vivan experiencias de misión?
Creo que al final el ser humano es un ser relacional. Nuestra identidad es relacional, es abierta. El amor está siempre en movimiento. Yo no recibo amor y me lo quedo para mí, porque, si no, ese amor ahí se acaba marchitando. Y al final Dios nos ama primero y porque Dios nos ama nosotros podemos amar. Para poder conocerle realmente y que no se quede en un plano teórico, me tengo que meter en esa dinámica de amor.
Quizá se empieza de manera natural por los que tenemos más cerca, pero cuando ese deseo va creciendo más y nos vamos metiendo en esa vida íntima de Jesús, ese deseo se amplía a todos. No se queda en unos pocos, sino que estamos llamados a la universalidad. Y quizá mi pobreza es más espiritual, pero hay personas que no pueden acceder o que tienen mucha más dificultad a acceder a su libertad espiritual, porque viven en una pobreza material o una necesidad material que les ponen en una tensión vital. Viven sobreviviendo. También estamos llamados a salir al encuentro de la gente que vive eso, para que todo el mundo pueda aspirar a su santidad, que es a lo que Dios nos llama.
P: ¿Qué aporta a Hakuna como comunidad que sus miembros vivan experiencias de misión?
Al final, cuando uno se adentra en el corazón de Cristo, que es lo que ocurre en estas experiencias, también te incendia. Prende fuego. Cuanto más amamos, más deseo tenemos de amar y más capacidad tenemos de amar. Parece como algo paradójico, ¿no? Hay tantas paradojas. No es como un vaso lleno de agua y que voy repartiendo y ya se me ha acabado. Cuanto más amamos, más somos capaces de amar. Lo que aporta es vida, amor y adentrarnos en ese corazón de Cristo.
P: ¿Por qué volvéis siempre a los mismos destinos de misión?
Creo que es importante porque al final se van forjando relaciones. También el conocimiento del contexto y de la realidad ayuda mucho a comprender lo que viven ahí las personas y, según vas repitiendo cada año, vas profundizando. Luego también vamos a estar ahí para recordar, para dejarnos querer y querer al que tenemos enfrente y recordar que su identidad es ser amado por ser. Hay mucha gente que ha sufrido mucho y que igual tiene una afectividad pues más tocada por lo que ha vivido a lo largo de su vida. Igual que Dios es muy paciente con cada uno de nosotros y nos está constantemente ahí diciéndonos: oye, que es que eres único, y es que eres querido por mí. Creo que al final se necesita esa insistencia en el amor para que alguien que no se sabe o que no se cree querido se dé cuenta de que sí. No es lo mismo ir una vez y ponerte a su lado y decírselo, o mirar a los ojos, o estar con él y que lo reciba constantemente, porque es más fácil o de alguna manera probablemente llegue a creérselo.
P: ¿Es vuestra música un elemento para evangelizar en esas misiones?
La música para nosotros es una necesidad de dar carne al espíritu, de expresar lo que vivimos. Ni siquiera es como un instrumento para evangelizar. Es más como que yo vivo una verdad y por desbordamiento de esa verdad, agradecimiento y por amor y por disfrute creo una música. Es una manera de rezar, de alabar a Dios por esa verdad que estamos viviendo. Y luego resulta que Dios se vale de eso para llegar a otros misteriosamente, porque realmente el Espíritu está ahí, porque a Dios le da la gana de una manera misteriosa también. La música genera esa experiencia y nos ayuda a llegar donde las palabras y la razón no llegan. Tenemos el corazón tapado y la música penetra igual. La belleza, en general, penetra esas capas y te recuerda una verdad cuando llega al corazón. Traspasa muchas veces nuestros límites y Dios se vale de eso para llegar al corazón.
P: ¿Tienes alguna anécdota musical que haya servido para mover el corazón en la misión?
El grupo de Argentina que ha ido alguna vez a prisión allí, en una misa que celebraron en la cárcel, en un momento dado se pusieron a cantar la canción “De noche”. Entonces todos los presos y todos los que estaban ahí que no conocían ni a Hakuna, ni al grupo, ni nada, se pusieron a rezarlo. Mucho tiempo después volvieron a la misma prisión, les sorprendió que, en un momento de la misa, el de las peticiones, se arrodillaron todos y empezaron a cantar esa canción que se habían aprendido y que aparentemente habían estado rezando durante todo ese tiempo. Les había ayudado escucharla de estos jóvenes y luego ellos mismos la habían seguido rezando durante todo ese tiempo.
Lo que nos hace decir que Dios es grande. Aquí vemos la acción de Dios y cómo hay una sed en el mundo, en el hombre, de este amor y te reafirma que Dios existe y que Dios es grande. El mensaje es: la vida es bella, y el hombre está hecho para vivir y Dios quiere que seamos felices y todo está bien hecho, si sabemos mirar.
Se cuenta un poco lo que vivimos, no buscamos decir nada en específico sino expresar eso que hemos vivido para que otros disfruten con ello. Si a alguien le da esperanza ver que la vida es bella y que existe un mundo que todo el mundo quiere que exista. ¡Pues oye, bendito sea Dios! Muchas veces los que nos transmiten la belleza a nosotros son ellos. Un ejemplo concreto que a mí me marcó muchísimo. Recuerdo una vez visitando a un enfermo, en un barrio muy pobre de Manila, donde la gente vive prácticamente entre basura y hay muchos chicos de 15 años que dedican todo su día a rebuscar tapones de plástico para revenderlos en fábricas. Viven, sobreviven con eso. Me acuerdo que estuvimos en una zona que eran unos callejones oscuros donde no había luz del sol y había gente que vivía en una tabla de madera. Estuvimos con esta persona enferma que llevaba en su cama no sé cuántos meses porque no se había podido mover. Conseguimos una silla de ruedas y le llevamos a una de las adoraciones que organizamos. Pero hablando con él diez minutos, se despidió de nosotros diciendo God is good, Dios es bueno. Decíamos nosotros, en cuanto tenemos una crisis pequeñísima, estamos poniendo en duda a Dios constantemente. Sin embargo, este hombre que vive aquí en lo más pobre, en lo más carente, en la mayor de las necesidades materiales, es capaz de confiar en Dios. Se produce algo que es increíble, es como la transfiguración de la noche. Es una luz y ahí nosotros recibimos esa belleza, que Dios no abandona a nadie.
P: ¿Cómo animarías a un joven a vivir una experiencia de misión?
En la experiencia de misión, conocemos mejor a Jesús. Y es importante porque Jesús es el centro de la vida. Creo además que en la experiencia de misión vivimos mucho más conforme a lo que somos. En la misión redescubrimos nuestra identidad, redescubrimos que somos necesitados, necesitados de Dios, que somos hijos y hermanos, y estamos hechos para el amor. Que todo lo que hemos recibido en nuestra vida es don, que tenemos que vivir agradecidos. No como una dinámica para ser feliz, sino porque es nuestra propia esencia. Vivo agradeciendo a Dios por todo lo que me ha dado. Eso te cambia la vida. Vives una vida bella que es la vida que nos propone Jesús. A mí me ha ayudado a tener la certeza de que yo tengo que ser fiel a Él y seguir amando aquí. Refuerzas eso que la vida aquí va limando tanto, porque el mundo se mueve en otra dirección y te hace mirarte a ti mismo todo el rato. Ahí sales de ti y dices: Jesús, quiero serte fiel y quiero también vivir así en mi realidad.