Inés y Santiago, recién casados, parten a la misión el día de los enamorados
- On 6 de febrero de 2026
Inés María Aguerre y Santiago Paseyro llevan dos meses casados, y este próximo 14 de febrero, día de San Valentín, partirán a Santiago de Chile para prepararse durante 6 meses antes de volver a su destino definitivo: La Cañada Real en Madrid. Este matrimonio argentino pertenece a la fundación Misericordia, que promueve llevar el mensaje del Evangelio mediante lo que ellos llaman “la revolución de la ternura”.
Entrevistado por Obras Misionales Pontificias, cuentan que “desde muy pequeños. Los dos estuvimos cada uno por separado en el corazón el anhelo de la misión. Lo descubrimos en nuestra vida y desde ahí como que fue siempre marcando nuestras decisiones y a la hora de encontrarnos también estuvo presente en nuestro discernimiento ya para la preparación del matrimonio”.
Tras varias experiencias de misión, ambos decidieron abrazar una vocación diferente. Pertenecen a la Fundación Misericordia. Se trata de una iniciativa misionera nacida en el 2013 a partir de un matrimonio misionero, “que deciden instalarse como en las zonas más vulnerables marginales de la ciudad y de las capitales”, cuentan Inés y Santiago. “Empieza en Chile y después de ahí se extiende en Argentina, en Estados Unidos, en el Bronx, en París, a las afueras de París, y nace con el anhelo de ser un proyecto de evangelización, de estar presente en esos lugares, siendo vecinos, viviendo ahí y compartiendo sobre todo, en primer lugar, lo que somos”.
Esta matrimonio se conoció hace mucho y precisamente hablando de la misión. Aunque sus vidas se separaron –Santiago estuvo cinco años en el seminario–, sus vidas volvieron a unirse.
Sobre su vocación, no dudan en señalar, según su propia experiencia, que “el llamado lo encontramos en el corazón. Hay que estar muy atentos a lo que va poniendo el Señor en los corazones de los dos, porque al final el matrimonio es de los dos”. Encuentran que entregar la vida como matrimonio misionero, es “una fuente de felicidad, de plenitud impresionante”. Reconocen que “es parte de la ternura de Dios que nos haga participar de una misión en la que no nos necesita para nada, pero que por su amor y por su misericordia nos deja ser parte. Es un regalo, es una bendición y, al final estamos bajo la Providencia”.

