OMPRESS-MOZAMBIQUE (27-05-21) La hermana Francisca Caño Hidalgo, de la Obra Misionera de Jesús y de María, escribe desde Nacala, Mozambique. Las misioneras llevan 30 años desviviéndose por pequeños y grandes en esta población de la costa norte del país, haciendo suyas sus historias. Están involucradas en programas de alimentación, de sanidad, de educación, de promoción de la mujer, y en la pastoral parroquial. La hermana Francisca cuenta la historia de Macacho, una niña de Nacala.

“Gracias a Dios estoy muy bien con 70 que inauguré y 26 años en la Misión, muy contenta y agradecida a Dios por todo. Ahora atiendo a niños desnutridos, 25 que están muy mal, la mayoría son de madres seropositivas y ellos mismo también lo son. Ambulatoriamente atendemos a más de 150 huérfanos y niños de bajo peso, con la pandemia aumentó la malnutrición grave, así que les proporcionamos leche y otros productos alimentarios para la familia. La mayoría viven en la miseria en todos los sentidos. Cada uno tiene su historia bien triste. Una de estas historias me llena de preocupación y, en realidad, se la tengo encomendada a Nuestra Señora la Virgen María.

La historia a grandes rasgos es así: Hace 6 años se quedó huérfana Macacho, quedándose al cuidado de la abuela que ya tenía nietos e hijos pequeños. Desde los primeros días la alimentaron con la leche que nosotras le dábamos. Estuvo en nuestro Centro Nutricional y en el Preescolar. Como consecuencia del ambiente familiar deplorable en el que vivía, Macacho era triste, rebelde. Muchos días ni iba a las clases de preescolar. Hasta que una familia la adoptó, y para ella la vida cambió por completo. Era feliz ya tenía papá y mamá y dos hermanitos, pero el carácter fuertísimo de ella y otras causas hicieron que, después de los 6 meses de prueba, con mucho dolor, la devolvieran a su propia familia. Bueno los papás le cambiaron de nombre. Ahora es Beatriz. Es inteligente. Se da cuenta de todo. Por eso la frustración fue muy grande y dolorosa y se ha ido manifestando con actuaciones inimaginables.

Cuando la devolvieron nosotras la acogimos mientras buscábamos otra solución. Vivió con nosotras, las hermanas, que la queremos, hasta que le buscamos un internado de niñas huérfanas con situaciones semejante, en Nampula, que llevan las hermanas Combonianas. Mi oración y la oración que os pido es que se adapte lo mejor posible, que el sufrimiento lo supere y cambie su manera de ser, que encuentre cariño, que supere sus rebeldías. Tiene una voz muy bonita, canta todas las canciones de la Misa y le oír hablar de Jesús”.