OMPRESS-TIMOR ORIENTAL (8-04-21) Como no podía ser de otra manera, la Iglesia se ha volcado en la ayuda a los afectados por las inundaciones en Timor Oriental. Una parroquia de Dili, la capital, acoge a 7.000 personas en sus instalaciones, y en un centro de formación de los salesianos acoge a más de 3.000. El Papa Francisco lo recordaba ayer en la audiencia del miércoles: “Deseo asegurar mi recuerdo en la oración por las víctimas de las inundaciones que en los últimos días han golpeado Indonesia y Timor Oriental. Que el Señor acoja a los difuntos, conforte a los familiares y sostenga a cuantos han perdido sus hogares”. La Escuela Técnica Salesiana de Dili, ha acogido a 586 familias, un total de 3.356 personas, que abandonaron sus hogares a causa de las inundaciones. Las personas duermen en el suelo, y se les puede alimentar gracias a las donaciones de antiguos alumnos salesianos, de familias y de empresas.

Según datos de Naciones Unidas, más de dos mil hogares se han visto afectados por las inundaciones que ha dejado a su paso durante el pasado fin de semana el ciclón tropical Seroja, el 70% en la ciudad de Dili. El gobierno ha suavizado las directrices de lucha contra el covid dada la situación de emergencia, para permitir la llegada de ayudas. Según el periódico Jakarta Post, hasta ayer se habían contabilizado casi 160 fallecidos, aunque todavía son decenas los desaparecidos y miles los que se han quedado sin hogar. Las consecuencias de este desastre natural se suman a los ya graves efectos de las medidas de contención del covid-19 han causado en Timor Oriental, donde mucha gente vivía literalmente al día, antes de la llegada de la pandemia.

La misionera portuguesa Cristina Duarte Macrino, de la congregación de las Hermanas Reparadoras de Nuestra Señora de Fátima, presente en Timor Oriental, presentaba, en declaraciones a la agencia Ecclesia, de la Conferencia Episcopal Portuguesa, un retrato dramático de la situación del país. “Hay muchas personas que se han quedado sin absolutamente nada, no tienen nada para comer, ni medicinas, ni ropa, ni hogar”, explicaba la hermana desde su misión en Memo, Maliana, cerca de la frontera con Indonesia.