La Morenita manifiesta el modo de Dios para acercarse a su pueblo
- On 25 de febrero de 2026
OMPRESS-ROMA (25-02-26) El Papa León XIV enviaba un mensaje a los participantes en el Congreso Teológico Pastoral sobre el Acontecimiento Guadalupano, que se está desarrollando desde ayer en México, a los que daba las gracias por su reflexión en torno al “signo de perfecta inculturación que, en Santa María de Guadalupe, el Señor quiso regalar a su pueblo”.
En su mensaje el Santo Padre recordaba que “evangelizar consiste, ante todo, en hacer presente y accesible a Jesucristo. Toda acción de la Iglesia debe buscar introducir al ser humano en una relación viva con Él, que ilumina la existencia, interpela la libertad y abre a un camino de conversión”. No obstante, añadía, el anuncio de la Buena Nueva tiene lugar siempre dentro de una experiencia concreta, por lo que “tener eso en cuenta es reconocer e imitar la lógica del misterio de la Encarnación, por el cual Cristo «se hizo carne y habitó entre nosotros» (Jn 1,14), asumiendo nuestra condición humana, con todo lo que ella comporta en su configuración temporal”. De ahí que no se pueda ignorar la realidad cultural “de quienes reciben el anuncio y se comprende que la inculturación no es una concesión secundaria ni una mera estrategia pastoral, sino una exigencia intrínseca de la misión de la Iglesia. Como señaló san Pablo VI, el Evangelio —y, por consiguiente, la evangelización— no se identifica con ninguna cultura en particular, pero es capaz de impregnarlas a todas sin someterse a ninguna (Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 20)”.
Pasa después León XIV a definir qué es inculturar el Evangelio, es “seguir el mismo camino que Dios ha recorrido: entrar con respeto y amor en la historia concreta de los pueblos para que Cristo pueda ser verdaderamente conocido, amado y acogido desde dentro de su propia vivencia humana y cultural. Esto implica asumir las lenguas, los símbolos, las formas de pensar, de sentir y de expresarse de cada pueblo, no sólo como vehículos externos del anuncio, sino como lugares reales en los que la gracia desea habitar y actuar”.
Advierte, sin embargo, que la inculturación “no equivale a una sacralización de las culturas ni a su adopción como marco interpretativo decisivo del mensaje evangélico, ni puede reducirse a una acomodación relativista o a una adaptación superficial del mensaje cristiano, pues ninguna cultura, por valiosa que sea, puede identificarse sin más con la Revelación ni convertirse en criterio último de la fe”. Al contrario, es “un proceso exigente y purificador, mediante el cual el Evangelio, permaneciendo íntegro en su verdad, reconoce, discierne y asume las semina Verbi presentes en las culturas, y al mismo tiempo purifica y eleva sus valores auténticos, liberándolos de aquello que los oscurece o los desfigura”.
A los participantes en este congreso les dice, precisamente, que “Santa María de Guadalupe es una lección de la pedagogía divina sobre la inculturación de la verdad salvífica”. Porque “la Morenita manifiesta el modo de Dios para acercarse a su pueblo; respetuoso en su punto de partida, inteligible en su lenguaje y firme y delicado en su conducción hacia el encuentro con la Verdad plena, con el Fruto bendito de su vientre”. De esta forma lo sucedido en el Tepeyac se vuelve “criterio permanente para el discernimiento de la misión evangelizadora de la Iglesia, llamada a anunciar al Verdadero Dios por quien se vive sin imponerlo, pero también sin diluir la radical novedad de su presencia salvadora”.
El desafío de los reunidos en el congreso de México es “redescubrir y comprender cómo difundir adecuadamente el contenido teológico del acontecimiento guadalupano y, por ende, del Evangelio mismo”. Por eso, el Papa les anima a seguir el ejemplo y la intercesión de tantos santos evangelizadores y pastores que se enfrentaron a ese mismo desafío en su tiempo: Toribio de Mogrovejo, Junípero Serra, Sebastián de Aparicio, Mamá Antula, José de Anchieta, Juan de Palafox, Pedro de San José de Betancur, Roque González, Mariana de Jesús, Francisco Solano, entre tantos otros. Todo ello siempre con la compañía de “Santa María de Guadalupe, Estrella de la Nueva Evangelización”.

