Homenaje al misionero “Padre de la Literatura Católica en Sri Lanka”

  • On 12 de febrero de 2026

OMPRESS-GOA (12-02-26) Los obispos de Sri Lanka acaban de realizar una peregrinación a la diócesis de Goa y Damán reaviva el legado del siervo de Dios, el padre Jacome Gonsalves. La peregrinación destacó además los profundos vínculos espirituales e históricos entre Sri Lanka y la Iglesia en Goa, de donde salieron numerosos misioneros con destino a la isla.

Los obispos fueron recibidos calurosamente por el cardenal Filipe Neri Ferrão, arzobispo de Goa y Damán, junto con sacerdotes, religiosos y fieles laicos. Durante su visita, rezaron en lugares dedicados a San Francisco Javier, San José Vaz –el apóstol de Sri Lanka– y el Siervo de Dios, el padre Jacome Gonsalves, misionero goano cuya vida y obra dejaron una huella imborrable en el catolicismo de Sri Lanka.

En proceso de beatificación, la vida del padre Jacome Gonsalves se erige como un poderoso testimonio de celo misionero, sensibilidad cultural y fe inquebrantable frente a la persecución, señalaban los obispos de Sri Lanka. Un momento significativo de la peregrinación tuvo lugar en la isla de Divar, cuna del P. Jacome Gonsalves. Los obispos visitantes cantaron varios himnos compuestos en cingalés por el misionero, que dedicó su vida a nutrir la fe de los católicos de Sri Lanka en su propio idioma.

Nacido el 8 de junio de 1676 en Piedade, isla de Divar, Goa, Jacome Gonsalves fue el hijo mayor de Tomás Gonsalves y Mariana de Abreu. Sus antepasados fueron conversos católicos de origen brahmán konkani.

Estudió en el Colegio Jesuita de Goa y obtuvo una Licenciatura en Artes por la Universidad de Goa. En 1696, comenzó sus estudios teológicos en la Academia de Santo Tomás de Aquino, donde también ejerció como organista, una experiencia que alimentó su amor por la música, la poesía y la literatura, que duraría toda su vida. Fue ordenado sacerdote en abril de 1700 por el arzobispo Agostinho de Anunciação en la Catedral de Santa Catalina de la Vieja Goa.

Atraído por la vida misionera, el padre Gonsalves se unió a la Congregación Oratoriana de Goa, muy vinculada a la evangelización y la misión en Sri Lanka. Aunque fue nombrado catedrático de Filosofía en la Universidad de San Pablo, renunció al puesto en 1705 y optó por partir a Ceilán, actual Sri Lanka, donde la comunidad católica sufría bajo el dominio calvinista holandés tras la caída del poder portugués.

El padre Gonsalves llegó a Ceilán el 30 de agosto de 1705, desembarcando en Talaimannar. Para entonces, ya dominaba el konkani, el portugués, el latín y el español. Durante el viaje, comenzó a estudiar tamil y pronto lo dominó mientras ejercía su ministerio en Mannar, Arippu, Musali y las regiones circundantes. Más tarde, a petición de San José Vaz, aprendió cingalés, estudiando incluso con monjes budistas del Capítulo de Malwatta para adquirir una refinada competencia literaria. Trabajando en estrecha colaboración con su compatriota San José Vaz, el padre Gonsalves desempeñó un papel crucial en el fortalecimiento de la comunidad católica perseguida. Ejerció su ministerio en Negombo, Colombo, Kalutara y Kandy, a menudo bajo constante amenaza. Tan solo en 1709, se dice que convirtió a más de 1.300 personas a la fe católica. Regresó a Kandy durante la última enfermedad de San José Vaz, al que administró la extremaunción y ofició su funeral en 1711.

El padre Gonsalves posteriormente sirvió como Vicario General del Obispo de Cochin en Sri Lanka y como Superior de los Oratorianos de Goa. Construyó iglesias, incluyendo una cerca del palacio real en Hanguranketa, e incluso actuó como mediador en conflictos políticos, ayudando a prevenir disturbios a finales de la década de 1720.

Es recordado principalmente por su extraordinaria contribución literaria. En una época en la que Sri Lanka carecía de imprentas, contrató a copistas cingaleses para copiar a mano sus obras y distribuirlas entre los fieles. Fue autor de 42 obras conocidas: 22 en cingalés, 14 en tamil, cinco en portugués y una en holandés. Entre sus escritos se incluyen catecismos, libros devocionales, tratados teológicos, oraciones e himnos. Muchas de sus composiciones siguen utilizándose por los católicos cingaleses y tamiles. Debido a esta inmensa contribución, es ampliamente reconocido como el “Padre de la Literatura Católica en Sri Lanka”. Sus escritos no solo preservaron la fe durante la persecución, sino que también arraigaron profundamente la espiritualidad católica en la cultura y el idioma locales. Murió el 17 de julio de 1742, a la edad de 66 años, y fue enterrado en la Iglesia de Nuestra Señora en Bolawatta, al norte de la capital de Sri Lanka, Colombo.

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