Desde la misión en Sierra Madre
- On 12 de febrero de 2026
OMPRESS-MÉXICO (12-02-26) El misionero Christopher Hartley Sartorius, sacerdote diocesano de Toledo, escribe su sexta entrega de “Cartas desde Sierra Madre”, en la diócesis de Tlapa, en el Estado mexicano de Guerrero. Su última misión fue Sudán del Sur, antes había estado en Gode, Etiopía, el Bronx, Nueva York, y los bateyes de la República Dominicana. En esta crónica habla de personas, de localidades como Arroyo Prieto o Cenaguilla, y de la labor de los misioneros.
“Después de una maravillosa Navidad vivida intensamente en la misión, hasta el agotamiento, en que nos hemos lanzado cerros arriba, montañas abajo, para que el Niño Dios pudiera nacer entre pajas mixtecas en estas sierras olvidadas donde nunca antes se había predicado el Evangelio, en las que, aún hoy, Jesucristo no es el Rey de Reyes y Señor de Señores, ya asoma entre nosotros el misterio de la Cuaresma, Semana Santa y Pascua. Una totalidad litúrgica que une en abrazo y misterio, el Miércoles de Ceniza con Pentecostés…
Como bien sabéis, por el sacramento del orden, el sacerdote misionero recibe un triple ‘munus’ (poder, mandato, envío): el munus profético, por el que anuncia la Palabra de Dios, palabra de salvación para los hombres; el munus sacerdotal, por el que santifica al pueblo de Dios, fundamentalmente por medio de la abundante oración y la celebración fructuosa de los sacramentos, y, por último, el munus de pastorear, por el que gobierna y guía al pueblo santo de Dios. Esa es la tarea del misionero: enseñar, santificar y pastorear al pueblo santo de Dios.
Estas tres dimensiones de su identidad ministerial se acuñan en una sola expresión que perfectamente condensan la identidad y la misión del misionero: la caridad pastoral; que no es otra cosa que el amor de Jesucristo buen pastor, que conoce a las ovejas por su nombre y da la vida por ellas, siendo a la vez sacerdote y víctima, pastor y pasto del rebaño, por su vida entregada.
Es increíble lo que ha crecido esta misión en tan poco tiempo, El Buen Dios ha escuchado el gemido de los pobres y su humilde oración en la que han pedido con insistencia tenaz la llegada de más evangelizadores, sembradores de eternidad, pescadores de vida eterna.
Arroyo Prieto sigue siendo la sede de la parroquia, la casa madre de la que fluye la vida hacia los cuatro puntos cardinales de la misión, pero ahora contamos con nuevas sedes: están, además, las hermanas Misioneras Marianas en El Coyul a las que fielmente celebramos la Santa Misa diariamente; los padres de LD venidos de Oviedo junto con dos hermanas Franciscanas de la Divina Providencia; y están dos hermanas viviendo en la clínica de Joya Real a la espera de la llegada de dos sacerdotes de la Archidiócesis de Oviedo. Mientras tanto, los sacerdotes de Arroyo nos turnamos para acompañar a estas hermanas.
Cieneguilla: Durante los días de Navidad, las dos hermanas franciscanas que trabajan en AP, se lanzaron a la aventura y se fueron a vivir a una pequeña y remota comunidad llamada Cieneguilla. Había yo celebrado la Santa Misa allí un par de meses antes y me embargó profunda tristeza cuando vi al puñado de personas que vinieron a la celebración, ni siquiera saber hacer la señal de la cruz o rezar el padrenuestro.
Estas hermanas, allá que se fueron a vivir, ligeras de equipaje, con apenas un filtro de agua, algunos utensilios de cocina, un infiernillo para cocinar… ¡y por supuesto que una mesita y un sagrario! Para tener la Santa Eucaristía, como centro, alimento y sustento de su vida misionera.
Cual no fue nuestro asombro, que cuando regresamos a visitarlas, habían llenado la iglesia de fieles entusiastas, un montón de niños y chavales que cantaban y rezaban las oraciones, los mandamientos, los sacramentos, las respuestas del pueblo a las diferentes partes de la Misa… Concluimos su misión con bautismos, primeras comuniones y ¡ocho matrimonios! Era la primera vez en la historia de ese pueblito olvidado que sus ojos veían tanta alegría, tanta fe, tantos villancicos, tanta presencia de Jesucristo y de su gloriosa Iglesia católica.
Cascada del Zorro: Pocos días después de la Navidad, dos misioneras laicas realizaron una experiencia similar en el lado apuesto de las montañas de la parroquia, en la comunidad de Cascada del Zorro, muy cerca de Joya Real.
Armadas de lo esencial para sobrevivir en condiciones de extrema pobreza, con sus tiendas de campaña, sencillas hamacas y sacos de dormir, una cocinilla de gas, un filtro de agua, unas cuantas latas, unos puñados de arroz y paquetes varios de pasta… pero sobre todo con toneladas de entusiasmo y alegría cristiana se fueron a vivir entre las gentes.
Durante los días que estuvieron allí viviendo entre los más pobres y olvidados, pudimos ir varias veces a visitarlas a celebrarles la Santa Misa y a llevarles… ¡comida!
La Misa final fue inolvidable, con bautismos y primeras comuniones. Nunca había visto tanta solemnidad entre los riscos y peñascos de la bendita Sierra Madre de Guerrero. ¡Llevamos incluso vestiduras rojas y roquete blanco para el monaguillo!
Si es verdad que fue triste la despedida y cargar todos los bártulos en la camioneta para el viaje de vuelta a Arroyo, la sensación que nos llevamos es la de que “tenemos que volver en cuanto podamos”.
Por supuesto que, si alguien quiere venir a ayudarnos en Semana Santa, es más que bienvenido y necesitamos ayuda esos días, sin duda. Pero sobre todo en verano es cuando más ayuda nos hace falta. Los meses se pasan volando y desgraciadamente el seminario de Toledo no quiere venir este verano. Tampoco quieren repetir los de Schola Cordis Iesu, en fin, sus razones tendrán… Pero no me canso de echar la red en nombre de Jesús. Para mí es de las cosas más espantosas de nuestra bendita Iglesia, curas, religiosas, laicos “de Iglesia” que viven la vida en 2ª cuando el coche tiene muchas más marchas. Buena gente que podría dar tanto más. Las vacaciones en la playa, en la montaña, “en familia” no servirán para nada el día del juicio final.
Me parte el alma, me llena de impotencia ver a tanto cura y tanta monja viviendo a medio gas, con las excusas de siempre: “hay trabajo en todas partes”, “cada uno tiene que estar donde Dios le quiere”, “no todos tienen vocación de misionero” bla, bla, bla… ¿Para tres semanas hay que tener vocación de misionero? Eso sí, de playa o montaña tiene vocación todo el mundo… en fin.
Pues porque dos laicas renunciaron a vivir la Navidad “en familia” hay hoy en estas regiones olvidadas de la tierra, más bautizados más almas que comulgan el Cuerpo de Cristo, más matrimonios que casados por el sacramento del matrimonio viven en gracia de Dios.
Cansado estoy de oír lloros y lamentos de “lo mal que está la Iglesia” y lo dice gente de Iglesia que no hace nada y que este verano no va a hacer absolutamente nada que sirva para el Reino. Pandilla de mediocres aburguesados…
Lo malgastado ayer no se puede cambiar, pero dentro de unos meses es verano otra vez. Necesitamos adultos familiarizados con la liturgia, que se tomen la vida de oración en serio, que ya estén evangelizando (nadie da en verano no lo que no ha dado durante el año), de buena salud y de más de 20 años.
Es Jesucristo el que llama, el que nos llama a cada uno. Y la vida misionera de la Iglesia es el mejor termómetro de una diócesis, de una congregación religiosa, de una parroquia, de un movimiento cristiano… Es la oportunidad de ser despojados de lujos y comodidades innecesarias e inmerecidas. De dar de lo muchísimo que se nos ha dado y de lo que no somos dueños sino administradores, que un día habrán de rendir estrecha cuenta de su administración al Señor de la viña.
Me viene a la mente lo que decía mi director espiritual, el santo sacerdote José Rivera parafraseando a San Juan en su primera carta: “Si teniendo bienes de este mundo, ves a su hermano en necesidad y cierras tu corazón contra él, ¿cómo puede morar el amor de Dios en ti?” (1Jn 3:17) y decía Don José, refiriéndose sobre todo a los sacerdotes: “pues, si el amor de Dios no habita en el corazón de quien teniendo bienes de este mundo si le cierra el corazón al hermano ¿Qué habría que decir del quien, teniendo bienes eternos, de la gracia, le cierra el corazón al hermano, como va a habitar el amor de Dios en el corazón de ese sacerdote que puede predicar la palabra de Dios y celebrar los sacramentos?
Cuantos sacerdotes podrían dar un tiempo de su vida a la misión, cuantos sacerdotes podrían dar toda su vida a la misión. No sé cómo no les duele el corazón, sinceramente. ¡Que den al menos unas semanitas en verano! ¿De verdad que es tan difícil? ¿Tanto sacrificio es?
Tenemos maletas portátiles preparadas con todo lo necesario para celebrar cualquier sacramento, sólo que no tenemos quién las use…
“Si conocieras el don de Dios” (Jn 4:10) le dice Jesús a la samaritana. Si conociéramos el don de la misión, me atrevo a parafrasear… amar hasta el agotamiento, ir cada día donde nadie ha ido y nadie quiere ir… Ser el primero en proclamar a Cristo donde nunca se ha pronunciado su nombre, donde se adora a falsos dioses, donde las gentes viven presas de la brujería, el satanismo, el culto a divinidades extrañas…
Lo dicho, necesitamos misioneros este verano.
Donde nunca antes había llegado un sacerdote… No es metáfora ni hipérbole decir eso de ir a lugares donde jamás ha llegado un sacerdote misionero católico. Aquí tenéis la prueba.
Esta semana hemos ido a una comunidad donde jamás se había hecho presente un sacerdote o una religiosa católica. La comunidad se llama Puerta del Cielo. Salvo dos familias católicas, todas las gentes se han hecho protestantes pentecostales.
Esta comunidad está situada en la cima de la montaña que se eleva detrás del pueblo de San Pedro el Viejo. Fue conmovedor el encuentro con las dos familias que aún permanecían en la verdadera Iglesia de Cristo. Jamás olvidaré el momento en que la madre, de dentro de una casucha cochambrosa, sacó con enorme orgullo, de un sobre mugriento, las partidas de bautismo amarillentas de sus hijos.
Han resistido durante décadas los envites de los malvados pastores protestantes que les han amenazado, altavoz en mano, de su inminente viaje al infierno, si no se “convertían” a los postulados de su chiringuito pseudo-cristiano. Tampoco claudicaron de su fe cuando el pastor trajo financiación para construir a las familias heréticas casas de ladrillo. Ni las amenazas ni las seducciones pudieron derribar la fe católica de estas familias.
Ayer celebraron los padres de San Pedro el Viejo la primera Misa en la comunidad de Puerta del Cielo. ¡¡Cuanta alegría, cuanta fe humilde y sencilla en medio del acoso protestante y la miseria horrible de sus vidas!! Estas buenas gentes, criadas entre la hambruna congénita sí que viven a las puertas de la verdadera puerta del cielo. Que cielo tan hermoso les debe tener preparado el Buen Dios a quienes no renunciaron a su fe católica a pesar de las amenazas y seducciones de este mundo.
Ya podrían aprender muchos a vivir así la fe, en medio de tanta opulencia, quienes, hace mucho que, seducidos por el mundo y sus riquezas, han claudicado en su fe católica.
Gracias a vuestra ayuda y generosidad, hemos logrado en estos días terminar de construir y equipar la nueva casa para residencia de sacerdotes misioneros. Los caminos de Dios son, verdaderamente, un misterio… Su historia es así: Una tarde pasé a visitar la comunidad de Joya Real, es el pueblo más grande de esa zona de mi parroquia, y al acércame a la iglesia, vi muchísimos hombres trabajando junto al muro del patio. Sorprendido pregunté: “¿Qué están construyendo?” y me contestaron sin pestañear: “Un curato (casa para sacerdotes) porque queremos tener sacerdotes que vivan con nosotros”. Quedé impactado. Jamás se me había pasado por la cabeza que eso fuese posible. Desde ese día visitaba con frecuencia la obra que para la modesta economía de estas pobres gentes era una obra gigantesca.
Por fin terminaron la obra, pero me dijeron con mucha pena que ya no tenían ni la fuerza ni el dinero para continuarla. El primer piso construido, por estar en un plano empinadísimo, ni siquiera llegaba a ras del suelo de la iglesia. Me conmovió de tal manera su pena y sensación de fracaso (yo hasta ese momento no había aportado ni un céntimo) que, se me ocurrió decirles: “Si me regalan el proyecto que han empezado, yo me comprometo, en nombre de la parroquia a terminarlo”. Aceptaron sin dudar y para la gloria de Dios y gracias a la generosidad de todos vosotros, aquí lo tenéis terminado.
Ahora solo nos falta… ¡¡que vengan los sacerdotes!!
Y no menos importante ha sido la rehabilitación de un centro de salud, viejo y abandonado de Joya Real, para que desde mediados de diciembre pudiesen ya residir dos misioneras. Su labor en este par de meses ha sido incansable: catequesis, visitas a las familias, atención a los enfermos, primeros auxilios a los heridos y enfermos, cuidado de la liturgia.
Gracias a la presencia de estas dos hermanas el padre Francisco y yo nos hemos turnado (¡más él que yo!) para que en esa comunidad y a esas hermanas, no les faltase la celebración de la Santa Misa de cada día además de velar por su protección y seguridad personal.
Gracias a tanta gente maravillosa
Con verdadera emoción en el alma os damos las gracias a tantos que nos habéis dado dinero. Con el dinero funciona la misión. Se han podido construir residencias de sacerdotes: Arroyo Prieto, El Coyul, Joya Real, San Pedro el Viejo y rehabilitado espacios habitacionales para conventos de las hermanas en las mismas comunidades.
Sois tantos los que nos ayudáis: “sin que sepa la mano derecha lo que hace la izquierda” por todos vosotros damos gracias cada día ante el Sagrario de la misión.
Sois los que llenáis los depósitos de las camionetas 4X4 de combustible, compráis los neumáticos que cambiamos al menos dos veces al año, sois los que nos dais de comer, nos ayudáis con las medicinas cuando estamos enfermos o enferman nuestras gentes… Vuestra caridad bondadosa es la energía que pone en marcha esta pequeña misión cada mañana.
Los frutos de una misión
Como las cosas de Dios, las que tocan lo más hondo de la fe, son completamente invisibles, jamás sabremos el valor de la presencia de unos misioneros en este rinconcito olvidado del planeta. Jamás sabremos la filigrana de amor eterno que el Buen Dios hace en los adentros de las personas.
Sin embargo, no es menos cierto que en su inconmensurable misericordia, a veces, para enderezar la fragilidad endeble de nuestra fe, nos deja ver por una rendija de la vida, un destello de su gloria.
Este verano, entre los magníficos misioneros que nos acompañaron, venía una chica de Colombia, a quién ningún de nosotros conocía de nada. Simplemente sabía de nosotros por escuchar la homilía diaria y poco más. Ingeniera civil de profesión en Bogotá.
Ya venía discerniendo la voz de Dios en sus adentros desde hacía un tiempo y fue en la misión donde definitivamente escuchó la voz del corazón.
El pasado 2 de febrero viajó a Moyobamba, Perú, con sus padres y su hermana y – para la gloria de Dios – acaba de ingresar en las Hermanas Oblatas de Cristo Sacerdote. Una congregación de estricta clausura.
Su vocación es el ofrecimiento de su vida por la santificación de los sacerdotes y seminaristas. Para quien quiera saber más de esta congregación, lo puede encontrar aquí: https://oblatasdecristosacerdote.com/. Os pido una oración por ella y por su familia.
‘Adorarán a los ídolos y a las bestias’: la brujería en los pueblos mixtecos. Decía el Santo Cura de Arz.: ‘Deja a un pueblo veinte años sin sacerdote y adorarán a las bestias’. A estos pueblos no les han dejado veinte años sin pastores, es que nunca los han tenido. Desde que aquellos primeros frailes franciscanos (y después dominicos y agustinos) abrieron las trochas por estas montañas a golpe de mula y machete y tras la expulsión de la mayoría de los misioneros españoles de México al tiempo de la independencia, estas gentes quedaron huérfanas de Iglesia.
Se acentuó el sincretismo religioso. Se mezclaron los latines con los sacrificios de guajolotes (pavos autóctonos) y otros ritos satánicos.
La lucha ahora de los que somos misioneros en este vasto territorio que se me ha confiado como párroco, es contra los brujos, hechiceros, adivinos, nigromantes. Aterrorizan a la población con sus sueños, ritos y adivinanzas; lectura de cartas; sacrificios a los ídolos en los cerros más altos del entorno.
A los misioneros nos ven como que somos de otra religión, pero la realidad es que los brujos aterrorizan a las pobres gentes de mis pueblos. Puedo afirmar sin el menor temor a equivocarme que Jesucristo, muerto y resucitado no es el centro de sus vidas. Cristo, María, los santos, los ángeles, otras deidades de ellos son una especie de panteón, como el apóstol Pablo en Atenas, pero en realidad rezan a un Dios – o dioses – del que no saben nada. No pretendo ofender a estas gentes a los que tanto quiero. Es que lo dicen ellos mismos.
Cuantas veces no me han dicho: ‘Padre, somos gente muy religiosa pero no sabemos nada de religión’. En una ocasión iba hacia una comunidad de las mías, llamada Xalpa cuando veo que vienen caminando hacia mí un grupo de ‘cantores’ de los que llevan los rezos en la iglesia. Paré el todoterreno, bajé la ventanilla para saludarles, les pregunté que a dónde iban y me contestaron textualmente: ‘Vamos a la cima de ese cerro a ofrecer el sacrificio a los ídolos’.
Sus ritos paganos son horripilantes totalmente incompatibles con nuestra fe católica. La Biblia habla claramente de lo abominable que es el culto a los ídolos, los ritos idolátricos. Yo continuamente predico contra ello y exalto que el único sacrificio es el del Cordero degollado, cuya sangre ha pagado el precio de nuestra redención.
Pero, repito, la culpa no es de ellos, la culpa es de la Iglesia, la culpa es de los sacerdotes y religiosas que son unos vagos y unos comodones, que quieren la vida fácil y cómoda bajo mil excusas que no sé cómo las van a justificar cuando se vean frente a frente con el Justo Juez. Una pandilla de cobardes que, escudándose en la prudencia, la salud y los peligros, huyeron de la batalla y dejaron a Jesús subir al Gólgota en solitario. Mercenarios que huyeron del combate cuando vino el lobo y traicionaron al rebaño. Y aquí seguirán estas pobres gentes ofreciendo tacos, cervezas y tamales a los muertos en los cementerios (para que coman los difuntos) porque nadie vino a dar la vida por estas pobres almas.
Estoy firmemente convencido de que la inmensísima mayoría de mis buenas gentes no tienen ni la menor idea de que Dios es amor, de que Dios les ama y ha dado la vida por ellos. Y no lo saben sólo por una razón, porque nadie está dispuesto a dar la vida por ellos…”.

