El año de una joven misionera en la Amazonía peruana
- On 11 de febrero de 2026
OMPRESS-PERÚ (11-02-26) Tras más de un año en el Vicariato Apostólico de San Ramón, en la Amazonía peruana, Paula Rodríguez, joven de la Asociación misionera Jatari, escribe desde su misión de Oventeni, para contar que está feliz, a pesar de las numerosas tareas que la misión exige, y pedir oración por ella y por el vicariato.
“¡¡Hola hola!! Llevo un tiempo queriendo escribiros y contaros qué tal voy y, al final, el ritmo del día a día hace que lo vaya retrasando. La semana que viene tenemos la semana vicarial, donde nos reunimos todos y quería hacerlo antes, porque a la vuelta ya empezamos con el caos de la vuelta al cole. El 1 de marzo empezamos con los más chiquititos, de primero de secundaria, tenemos dos semanas de nivelación para enseñarles cosas básicas de la vida aquí; y ya el día 15 empezamos las clases con toda la tropa.
Lo primero, estoy feliz. Sigo feliz. Este año terminé el curso agotada, pero ha sido un año muy bueno. Os voy a ir contando más o menos cronológicamente lo que he ido haciendo durante el año y así os voy comentando por orden.
Después de la semana vicarial del año pasado, tuvimos el encuentro decanal en Atalaya, yo nunca había estado allí. ¡El río es enorme! La carretera estaba hecha una desgracia y en una parte, tuvimos que montar el carro en una balsa de palos para poder cruzar. Yo no me creía lo que estaba viviendo. Allí, nos regalaron dos máquinas de coser, viejitas pero que funcionaban y este año hemos cosido bastante. Poco a poco se va despertando la curiosidad de las chicas más mayores, que se mueren de la risa cuando ven que la aguja se mueve sola cuando aprietas el pedal. Alguna ya ha querido probar. A ver si este año conseguimos que alguna se enganche un poco más y les podemos enseñar a coser sus cushmas, sus coleteros y alguna cosa así más sencillita.
Estar con Ichi y con Maite hasta julio fue una maravilla, un regalo. ¡Nos lo hemos pasado tan bien! He aprendido mucho con ellas y de ellas. Las tres somos bastante distintas, pero nos hemos venido muy bien. Ha sido un regalo (aunque al principio nos costó bastante) poder tener ratos para compartir cómo estábamos, qué cosas nos estaban costando más, cómo había ido nuestra oración; básicamente, compartir. Ha sido muy guay también ver a los demás a través de sus ojos. Yo ya llevaba un año aquí cuando ellas llegaron y ver cómo ellas veían tan bonito a mis menos favoritos me ha ayudado a verles con otros ojos, más pacientes y más cariñosos.
Ya prácticamente hemos terminado con las obras de la Iglesia. Vaya trabajera. Este año hemos hecho un montón de actividades para juntar platita. Pero la gente ha sido muy generosa y ya está casi. Falta poner las ventanas y las tablas del coro y del segundo piso de la sacristía. Ha quedado muy bonita, mucho mejor que como estaba antes. Por las tardes le da el sol a una de las paredes y se ve bieeeen bonita. Cuando vinieron las de Jatari en agosto, pintamos el frente, y ha quedado muy chula. Ahora en las fotos lo veis.
Con los chicos muy bien. Por las tardes este año he seguido con el mismo grupito del año pasado, han cursado tercero de secundaria. Pensaba que iban a estar más revueltos y, la verdad, se han portado bastante mejor de lo que me esperaba. Aunque alguno se ha dado su escapadita nocturna, me han dado algún disgusto y me han hecho sufrir. Una vez que pasó algo así más serio y ninguna entendíamos bien por qué, Maite nos dijo que a ella le ayudaba pensar en cómo nosotras también se las preparamos a Dios de vez en cuando, y cómo le hacemos sufrir. Verlo desde esa perspectiva me ayuda un poco, no a entenderlo, pero sí a aceptarlo.
En junio nos fuimos las tres Marías y una de las psicólogas del colegio a un encuentro de animadores cristianos ashéninkas con los Misioneros Claretianos a una comunidad de Atalaya. Montamos en bote por primera vez. Qué preciosidad de lugar. Era como estar en una película. A Dios se le ha ido la mano aquí con la Belleza. Y el encuentro fue muy bonito, muy tierno. Los ratos de compartir con los animadores y ver su sencillez… lo sencillos que nos quiere Dios y cómo nosotros lo enrevesamos y lo complicamos todo. Nos picó muchísimo un bichito microscópico que se llama izango y nos dejó todos, todos los pliegues bien escocidos. Pero nos lo pasamos muy bien y comimos juanes y bebimos muuuucha agua de coco.
El verano aquí de lo más entretenido, este año ha venido mucha gente y se pasa el tiempo volando con unos y con otros. Me dio mucha pena que se fueran Ichi y Maite y creo que por eso no tenía muchas ganas de que vinieran las de Jatari. Me costó un poco, venían un poco verdes y desubicadas y yo tampoco estaba en mi prime. Pero al final siempre es bonito compartir y aprender un poquito de cada una.
¡Ah! Cuando se fueron Ichi y Maite hicimos una fiesta de pijamas con las chicas que dormían en nuestro pabellón. Qué emoción prepararlo todo con globos, sus bolsitas de chuches, los colchones en el pasillo… Nos pusimos una peli “a escondidas” (aunque todo el mundo lo sabía) y aunque sólo vimos 20 minutos porque ya era tarde, fue de lo más emocionante. Las chicas además se portaron fenomenal y nos dejaron dormir, aunque todas encima de todas.
También se ordenó Leonardo, la Misa fue muy emocionante, con muchos cantos en asháninka. Vino su familia desde Cheni. Él es un crack.
En septiembre fuimos a la peregrinación de Aguchita a la Florida con tres niñas del colegio y una niña del pueblo. Alguna era la primera vez que salía de Oventeni y alucinaban con todo. Dormimos en tiendas de campaña. No sé si estaban ellas más emocionadas o yo por dormir con ellas. Les gustó mucho ver la ruta del martirio. Como iban todas tan guapas con su cushma originaria y su pintado de cara, todos querían hacerse fotos con ellas y estaban que se morían de la vergüenza. Luego fuimos a dos cataratas y nos bañamos con ropa y todo. Fue muy chulo el viaje y poder compartir con ellas fuera del colegio.
En octubre, ¡vino mi familia! Mi cumple es el día 12 y una semana antes vinieron mis padres y dos de mis hermanos para pasar un mes aquí conmigo. Yo no sabía que iba a venir mi hermana (mi persona favorita) y vino de sorpresa. El padre Alfonso supo guardar el secreto muuuy bien, sobre todo cada vez que yo rajaba de ella diciendo que no se iba a atrever a venir, que no quería venir a verme y todas esas cosas. Me ha seguido la bola como un campeón. El mes se me pasó volando pero me encantó. Que pudieran conocer a los chicos, que los chicos pudieran conocerles a ellos. Que vieran cómo es la vida aquí y que estoy estupendamente. Fue muy guay. Pasaron aquí el día del Señor de los Milagros y estuvieron haciendo las alfombras con los chicos, luego en la procesión. Se lo han pasado pipa y yo también de verles. Los chicos han vacilado a mi madre todo lo que han querido y un poco más y mi madre se ha dejado vacilar. Me encantó ver la paciencia infinita que tiene y ver la poca que yo tengo. En fin, las madres.
A finales de noviembre vino Monseñor Gerardo de visita y confirmó a cinco chicos y a una de las profes de la residencia. Celebramos sus 50 años de sacerdote también. Y el día de la Inmaculada tuvimos los Bautismos y las Primeras Comuniones. Han sido un montón. En los momentos más emocionantes de este año está el prepararles para su primera confesión. Ver cómo antes están todos nerviositos y salen con tremenda sonrisa y bien contentos. Con algunos chicos a mí se me cae la baba. Es tan bonito ver cómo poco a poco y cada uno a su ritmo va queriendo estar más cerca de Jesús, cómo van poniendo más interés, cómo dejan de hacer las cosas por monería y se las toman un poquito más en serio. Es muy muy bonito.
Terminamos el curso el 12 de diciembre y tuvimos la fiestita de promoción. Este año han terminado seis.
Y ahora en las vacaciones, pues estamos aquí, el padre y yo, rezando con más calma, comiendo un poco más variado y más rico (nos hemos gastado ya todo el chorizo acumulado durante todo el año), trabajando en cosas de la casa (arreglando literas, enchufes, puertas, mesas, pintando,…) y viendo peli todas las noches.
Hemos aprovechado y hemos estado de Ejercicios una semana, cogiendo fuerzas y poniéndonos a tono para el nuevo curso.
Y bueno, básicamente, ese ha sido mi año, bastante completito. Con Jesús también muy bien. Cada día intenta hacerme más consciente (aunque yo casi nunca me dejo) del regalo inmenso que es todo esto, tan grande que no cabe en mis manos chiquititas, pero que no tiene que caber, porque nunca va a caber. Que yo no tengo que hacer nada más ni nada menos de lo que pueda hacer. Que Él es perfectamente consciente de cómo soy yo (más que yo misma), de todo lo que me limita. Que no me pide más de lo que puedo dar, pero tampoco menos. Y que tengo que empezar a ver todo esto más como don que como tarea que nunca voy a poder hacer por mí misma. Y en eso estamos. Está siendo muy chulo todo, sobre todo ver cómo me da cañita, aunque muchas veces me cuesta, me resisto y no me dejo.
Las clases de San Dámaso me están gustando mucho. Las de Carvajal un poco más, porque es más ordenado y menos volátil que Napoleón, que va saltando de un tema a otro y muchas veces me ha dado la impresión de que no hay continuidad. Pero igualmente, las dos asignaturas muy interesantes. Me ha ayudado mucho a poner palabras y a concretar cosas que yo sabía que estaban ahí, pero nada más. Me están pareciendo temas y cosas muy bonitas. El curso de las OMP me está costando un poco más porque me da la impresión que es para gente que sabe más y que ya está de vuelta en muchas cosas. Ahí tengo que preguntarle al padre varias cosas jajaja. Este año también empiezo el último año de la Escuela de Evangelización de aquí, del Vicariato.
Y nada más. Que sigáis rezando por nosotros, por nuestros chicos y por la misión aquí. Y por Bárbara, que llega el viernes. Prometo no tardar tanto en escribir para que no sea tan largo.
Nosotros también rezamos por vosotros. Un abrazo fuerte. Paulita. Ah!!! Que casi se me olvida, ¡que tenemos nuevo Obispo! Para que también recéis por él”.

