Así ayudaron cuatro años de misión en Perú al párroco de Adamuz el día del accidente

  • On 2 de febrero de 2026

OMPRESS-CÓRDOBA (2-02-26) Liliana Sáenz de la Torre, hija de una de las víctimas, en su emotiva intervención en la misa funeral celebrada en Huelva, por los fallecidos en Adamuz el domingo 18 de enero dijo que los vecinos de Adamuz, “pusieron todo su cariño, su entrega y su deseo de hacer que ese duro momento doliera un poco menos”.

Desgraciadamente, el pueblo cordobés de Adamuz, traerá a la mente la imagen de esta tragedia cada vez que se oiga hablar de él. Sin embargo, recuerda también a todas esas personas que, en tiempo récord, se movilizaron y dieron lo mejor de cada una para atender a la masa de personas que llegaban al pueblo a pie desde las vías.

Una de estas personas fue el párroco, el padre Rafael Prados Godoy, quién ha sido entrevistado el pasado viernes en el programa ‘Misión Posible’ de las Obras Misionales Pontificias. “En un primer momento, no éramos conscientes de la gravedad del accidente” ha relatado el padre Rafael, quien asegura que no tuvo que avisar a nadie, porque desde ese momento “todo el mundo salió para poner todo a disposición de los pasajeros”.

Tal y como ha contado el sacerdote, en esos primeros instantes “no reaccionas emocionalmente, porque estás alerta”. Una faceta que el padre Rafael aprendió de sus cuatro años en la misión en Perú: “en Perú no viví nada parecido, pero si unas pocas desgracias, y eso me dio velocidad de reacción. La experiencia que podría haber conseguido aquí en 10 ó 15 años la conseguí allí en cuatro”.

Entre otras muchas, vivió el COVID-19, que en sus propias palabras, “en la selva de Perú fue mucho peor que aquí”. El párroco de Adamuz recuerda cómo “en los hospitales no había máquinas de oxígeno, sino que todo iba por bombonas, por lo que cuando a un familiar se le iba a acabar, llegaba un médico y le decía ‘le queda una hora de oxígeno… ¡Busca!’”. Por eso, el padre cree que su experiencia en la misión “me ha ayudado a no quedarme mirando a la pared o pensando en los laureles”.

Volviendo a Córdoba y su experiencia en el accidente de trenes, el padre Rafael ha asegurado que, al día siguiente “di gracias a Dios, porque el accidente dentro de la gravedad ocurrió donde ocurrió, porque un poquito más para atrás estaba el túnel y un poquito más para delante estaba el puente… no habría habido ningún superviviente”.

Además, se ha mostrado animado por la respuesta de la gente ante esta situación, ya que, aunque haya algunos que no creen, “todos tenemos la parábola del buen samaritano grabada a fuego, no me imagino a nadie que sea capaz de mirar a los ojos a esa tragedia y mirar para otro lado”.

El padre Rafael ha concluido la entrevista dirigiéndose a los pasajeros del tren: “Si hay algún pasajero del tren que me está escuchando, que sepa que aquí en Adamuz tienen su casa, como la tuvieron aquella noche. Cuentan con nuestra oración”.

Escucha su entrevista completa aquí.

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