San José Vaz, el misionero indio que evangelizó Sri Lanka
- On 19 de enero de 2026
OMPRESS-SRI LANKA (19-01-26) Esta pasada semana se celebraba en Sri Lanka la Fiestas Nacional de San José Vaz, el santo indio que evangelizó la entonces Ceilán. Una delegación venida de Goa, la ciudad natal del santo, acompañó las celebraciones en el Santuario Nacional de San José Vaz, en la ciudad de Mahagalagamuwa.
La celebración eucarística del día festivo fue presidida por Mons. Anthonypillai, obispo de Mannar, con el obispo de Kurenagala, Mons. Anthony Perera como concelebrante. Al pronunciar la homilía, el Mons. Perera llamó a los fieles a convertirse en “peregrinos de esperanza” en medio de los muchos desafíos sociales, económicos, políticos y espirituales que enfrenta la nación hoy, inspirándose en la vida y la misión de San José Vaz.
Recordó que el santo misionero llegó a Sri Lanka durante un período igualmente oscuro, cuando los cristianos sufrieron una intensa persecución y vivían sumidos en un profundo temor y desesperanza. Llegó como misionero en una época en que dar refugio a un sacerdote se consideraba un delito grave, castigado con prisión, confiscación de bienes o incluso la muerte. A pesar de estos peligros, el santo viajó con valentía disfrazado para llegar a los católicos que practicaban su fe en secreto, organizándolos en pequeñas comunidades y fomentando una verdadera Iglesia de Comunión”.
Vaz nació en 1651 en la ciudad costera de Sancoale, al sur de Goa, cuando era colonia portuguesa. En 1686 partió como misionero a Sri Lanka y allí evangelizó bajo el duro régimen de los holandeses calvinistas. Pasó cinco años predicando en las tierras bajas, ocultándose de la persecución a la que estaba sometido, hasta que comenzó a hacerlo en las zonas montañosas que ocupaba el Reino de Kandy. Allí sería arrestado como espía holandés y presentado ante la corte del rey Vimaladharmasoriya II en la ciudad de Kandy. Pasó casi todo el año 1692 encarcelado, pero el padre Vaz se ganó la confianza de sus carceleros, impresionados por su piedad. Fue entonces cuando una severa sequía amenazó al reino. El padre Vaz ofreció orar por lluvia a cambio de su libertad. Se erigió un gran escenario ante el palacio, y los propios magos y “sacerdotes” del Rey aceptaron el desafío y realizaron sus propias ceremonias de lluvia sin éxito, antes de que el `padre Vaz subiera al escenario. El Culavamsa, una crónica del reino budista, narra que “tan pronto como comenzó a orar, truenos y relámpagos sacudieron el aire y un aguacero torrencial lo envolvió todo, excepto el lugar donde se arrodilló el padre Joseph Vaz”. Muy impresionado por este milagro y por su piedad, el rey permitió al padre Vaz construir una iglesia dentro de los límites de la ciudad de Kandy. Con el tiempo, el Rey permitió al Padre Vas acceso sin restricciones a cualquier parte de su Reino, y el derecho de ir y venir cuando quisiera. Y pronto se le unió el padre Jacome Gonçalves, otro misionero de Goa, y una sucesión de otros que establecieron una firme presencia misionera en Kandy. Tras una epidemia de viruela en Kandy en 1697, en la que la corte y todas las personas importantes abandonaron la ciudad, dejando al padre Vaz y a los misioneros para atender a los enfermos y moribundos, el rey lo tuvo en tan alta estima, que cada vez que su séquito pasaba por la casa del padre Vaz, el rey desmontaba de su elefante y caminaba descalzo. Aunque el propio rey no se convirtió, uno de sus sobrinos sí lo hizo y acabaría ordenándose sacerdote. Tras años de labor misionera, en el que además de conversiones se creó una identidad cultura católica en la entonces Ceilán, además de una floreciente literatura católica tanto en cingalés como en tamil, el padre Vaz falleció el 16 de enero de 1711.
El Papa Francisco celebró su canonización en su visita apostólica a Sri Lanka el 14 de enero de 2015. Sus palabras resumen lo que fue la vida de este santo misionero indio: “Dejando atrás su hogar, su familia, la comodidad de su entorno familiar, respondió a la llamada a salir, a hablar de Cristo dondequiera que fuera. San José Vaz sabía cómo presentar la verdad y la belleza del Evangelio en un contexto multirreligioso, con respeto, dedicación, perseverancia y humildad. Éste es también hoy el camino para los que siguen a Jesús. Estamos llamados a salir con el mismo celo, el mismo ardor, de san José Vaz”.

