OMPRESS-CUBA (9-12-21) El misionero salesiano Manel Morancho, nacido en Montañana, Huesca, en la diócesis de Barbastro, escribe desde Cuba, contando su experiencia como misionero. Un “misionero ha de dejar todo lo que tiene para dar todo lo que es”, dice.

“Soy Manel Morancho Peris, salesiano, desde 1973, y sacerdote, desde 1982. Mi vocación misionera nació hace muchos años, en todo el trabajo que llevas a término en las diferentes obras salesianas donde me ha tocado trabajar, pero fundamentalmente me decidí a partir de dos experiencias que hice en dos veranos con jóvenes voluntarios. Tuve la oportunidad, en el verano del 2006, de hacer un voluntariado en Bolivia durante un mes y medio; y en el verano del 2011, estuve en Ecuador, con los niños de la calle. A partir de ahí ya tomé la decisión de ir a las misiones.

La vocación, cualquier vocación, se nutre de la oración y del alimento de la Palabra de Dios y de la Eucaristía, donde el Señor llama a darlo todo por los demás y especialmente por los más pobres y necesitados. Dejar tantas cosas que no me ayudan a vivir a fondo, con profundidad mi vida cristiana y religiosa. Dios llama a quien quiere, cuando quiere y como quiere y lo importante es responder a estas llamadas que te hace el Señor. No importa la edad ni el momento. No hay que poner excusas ni justificaciones, tú ven y sígueme y allá donde te mando, allí irás. Y el Señor me mandó a Cuba… y aquí estoy, muy feliz y contento de poder responder con entrega y generosidad a su llamada.

Y, ¿quién lo diría?, pero ya van 9 años en Cuba. Uno en Santa Clara, tres en san Juan Bosco de la Habana, uno en la Habana Vieja y cuatro en Santiago de Cuba, empezando ya el quinto. Mi experiencia en esta comunidad es muy buena y positiva. Es mucho el trabajo y el bien que se puede hacer a través de la parroquia, casas misión, catequesis de niños, adolescentes y jóvenes… Me he sentido muy bien en todos los campos, pero quizás, lo que más me ha marcado y donde realmente me he sentido muy bien, es en el Oratorio, estos años atrás, donde ves tantos niños y adolescentes que necesitan un espacio para jugar y compartir experiencias buenas y agradables con los animadores y con los compañeros. Ahora estamos de baja, por la Covid19 y porque faltan animadores para dar vida a esta experiencia tan salesiana. Don Bosco empezó su obra con una experiencia de Oratorio.

En cualquier experiencia misionera, no es tanto lo que das, sino lo que recibes. El misionero es una persona para los demás, y lo que llena mi vida, no es tanto lo que doy, si no lo que recibo de los demás y muy especialmente de la gente sencilla, humilde, pobre… que te dan lo mejor que tienen con su propia vida. El misionero ha de dejar todo lo que tiene para dar todo lo que es. Esta entrega sin límites es lo que da sentido auténtico a la vida y puedes de verdad encontrar la felicidad y dar el mayor testimonio posible. La vida vale la pena cuando la das en plenitud, cuando no te reservas nada para ti. Lo que doy, siempre me revierte al máximo, más de lo que espero y me merezco.

En este curso 2021-22, mi misión en Santiago de Cuba es: responsable del Proyecto ‘clases de repaso’, en el que hay un centenar de niños, adolescentes y jóvenes, de primaria, secundaria y bachillerato. Además de las clases, con profesores titulados de las diferentes escuelas cercanas a la parroquia, hay un momento de formación en valores. Este es el objetivo principal de esta actividad. También, responsable del Oratorio, en el que se apuntan muchos niños y adolescentes, aunque ahora estamos en horas bajas, por la Covid19 y la falta de animadores. Estamos en un barrio pobre y se puede hacer, y de hecho se hace, una gran labor salesiana. Sólo me queda agradecer, a Dios y a la congregación, el poder trabajar en este lugar ‘privilegiado’ de don Bosco”.