OMPRESS-MOZAMBIQUE (31-01-22) Los misioneros de la Consolata comparten la información que llega desde Tete, desde donde un misionero de la Consolata relata la situación que se vive mientras la tormenta tropical Ana, se está cobrando vidas y llevándose por delante el hogar, los bienes y las cosechas de miles de mozambiqueños.

El misionero Sandro Faedi cuenta que la catástrofe ya ha causado la muerte de al menos 20 personas, seis de ellas en Tete. Hay miles de personas afectadas, así como viviendas, cultivos e infraestructuras. “Estamos bajo esta tormenta que nunca termina”, cuenta mientras relata que en las inmediaciones de la misión de la Consolata hay decenas de “barrios castigados”, muchos de ellos con “casas completamente destruidas”. Los colegios están demostrando ser lugares seguros: “Tenemos mucha gente refugiada en las escuelas aquí en la ciudad de Tete”.

El temporal inundó un río cercano, y “con la fuerza y la furia del agua derribó un puente que había sido recientemente restaurado”, señala el misionero y añade que a principios de 2019 ese mismo puente ya había sido “golpeado duramente por la aguas, lo que provocó el desplazamiento de un pilar”. Pero, “esta vez no ha sido un pilar, han sido dos los pilares ‘desaparecidos’, y con ellos la plancha superior. No hay absolutamente ninguna forma de cruzar el puente. Y esto durará no sé cuántos años. Hasta que el gobierno despierte. Quizás en las inmediaciones de las elecciones, para rehabilitar y reconstruir esta estructura de puente”, lamentó el misionero, que ve en la solidaridad un motivo de esperanza. “Gracias a Dios, en este momento mucha gente está ayudando a estos hermanos nuestros, con comida, ropa y materiales domésticos”, y recuerda que “en unos días más la necesidad será aún mayor”, por lo que toda la solidaridad será bienvenida.

Las lluvias torrenciales, los desprendimientos de tierras y las inundaciones han causado más de 70 muertos en los tres países que están sufriendo el paso de la tormenta tropical Ana. El padre Innocent Bizimana, inspector salesiano de Don Bosco para la provincia de Madagascar y Mauricio, habla de la paradoja de que, “mientras en el sur del país hay una sequía total porque no llueve desde hace cinco años, y un millón de personas se mueren de hambre”, en el centro ha habido un exceso de lluvias. La tormenta ha sido “un auténtico flagelo”, y explica que “es como si la gente, que ya no tenía nada, se hundiera ahora aún más en la miseria. Es angustioso ver a tantos niños y mujeres expulsados de sus casas por aguas que alcanzan los 4-5 metros de altura. Donde estamos nosotros, al estar más arriba, estamos mejor protegidos, pero un par de kilómetros más allá, encuentras agua por todas partes”. La Iglesia local trata de satisfacer las necesidades de la población, pero no es fácil, “también porque desde hace dos años, con la pandemia, estamos dando de comer a mucha gente”. El misionero salesiano cuenta que “todos los martes y viernes vienen a comer entre 500 y 600 personas. Pero los suministros se agotarán en quince días. Estábamos tratando de encontrar alguna ayuda para darles de comer y, en cambio, llegaron estas lluvias. Cada uno hace lo que puede, con amor, y Jesús proveerá el resto”.