OMPRESS-HONDURAS (28-10-21) Las “maquilas” son empresas de manufacturas para la exportación, la mitad de ellas del sector textil, con largas horas de trabajo y sueldos muy bajos. Es la dura vida de muchas personas al servicio de las que están la misionera Mª Luisa Canencia y su comunidad.

“Soy Misionera de María Inmaculada, Siervas de las Obreras, y llegué a Honduras para incorporarme a una pequeña comunidad compuesta por cuatro hermanas. Vivimos en Choloma, en el Barrio La Primavera. Un barrio pequeño y pobre al lado de una zona de ‘maquilas’ en las que trabajan muchas personas que viven en el barrio.

En maquila la jornada laboral viene siendo de 11 ó 12 horas diarias. Se trabaja cuatro días y se descansa otros cuatro. Además, hay turnos de día o de noche y cada mes se trabaja en un turno diferente. Y los salarios son bajísimos: no alcanzan para cubrir gastos de alimentación, ropa, alquiler, agua, luz, etc. Por otra parte, esta situación laboral afecta muchísimo a la vida personal, a las relaciones familiares, sociales, etc.

Para echar una mano, nosotras tenemos una pequeña guardería para niños entre 18 meses hasta 6 años en la que los niños permanecen hasta 12 horas diarias. Aquí reciben la alimentación diaria, clases, espacio de juego, disponen de juguetes, duermen siesta, son bañados y cambiados de ropa y esperan jugando la llegada de sus papás para irse a su casa.

A últimos de mayo pasado, abrimos un pequeño dispensario en el que reciben atención sanitaria todas las personas que no tienen seguridad social, que son muchas. Son visitados por una doctora y atendidos por una enfermera y, si disponemos de ellos, donamos los medicamentos que prescriba la doctora. El Dispensario María Inmaculada presta especial atención a los graves problemas de desnutrición que sufre la población y, especialmente, los bebés y los niños. Repartimos también, semanalmente, víveres a familias necesitadas, tenemos catequesis de niños…

En esta situación y en este entorno humano, nosotras nos sentimos felices de estar entre nuestros hermanos como el que sirve y encontramos nuestro gozo en aportar ánimo, gozo, consuelo, esperanza, cordialidad, compasión, amor verdadero, a nuestros hermanos necesitados, siempre recibiendo de ellos mucho más de lo que nosotras podamos aportarles: la oportunidad de gracia de servir al Señor en sus personas.

Honduras es un país que no cuenta, no interesa al mundo exterior. Es también un país dominado por la delincuencia, las maras, el tráfico de droga, el desempleo, la corrupción, la miseria, la emigración masiva… Oren por los hondureños, por favor, y cuiden a los que están entre ustedes. ¡Cristo ha resucitado! ¡Nada es imposible para Dios!”.