OMPRESS-MADAGASCAR (11-01-22) La hermana Alegría Fernández es una misionera marista asturiana, que ha pasado muchos años en Madagascar. Ahora en Francia, continúa con su mismo espíritu misionero en su comunidad. Cuenta en esta carta navideña la historia de una familia malgache, una historia de dolor y también de felicidad.

“Estas bellas fiestas de Navidad me recordaron la extraordinaria trayectoria de una familia que conocí en Madagascar hace más de 25 años. Se trata de una madre y sus dos hijos, un niño y una niña. La particularidad de esta familia, es que la madre, además de pobre, sufre de un desequilibrio mental bastante significativo, vive y nació en un ‘pesebre’ por donde pasaban bastantes ‘transeúntes’. La familia la conocí en la calle pidiendo limosna. La sonrisa del niño cogido al vestido de su madre me impactó, todo en su cara reflejaba felicidad. ¿Cómo es posible?… ¡en los pesebres también ‘nace’ la Felicidad!

Por medio de los apadrinamientos hemos podido acompañar y ayudar, yo diría que adoptar, a esta familia durante muchos años. Nuestra ayuda fue en todos los aspectos: que no falten al colegio, que tengan ropa, que no les falte comida, mirar también por la madre para que participe del bienestar y porvenir de sus hijos. El buen resultado escolar de los niños fue un gran estímulo para la madre que no tardó en encontrar donde ganar unas monedas: barrer la calle delante de los comercios, transportar ladrillos hasta construcciones próximas o acompañar turistas indicando hoteles o pidiendo una pequeña participación para comer.

El hijo ha sido siempre de los primeros o el primero de la clase, hoy en día tiene su bachiller técnico, trabaja en un taller y es un excelente carpintero. Su hermana también obtuvo con buena nota el bachiller y está en su primer año en la facultad de medicina. La facultad está lejos, hay que separarse de la familia y para celebrar la gran despedida, la comunidad les invitó a comer. Según la costumbre malgache antes del postre hay el discurso de despedida y agradecimiento. Las palabras de la mamá sorprendieron y emocionaron a todos, les contó que con su trabajo fue ahorrando un dinero que confió a una de las monjas, la sorpresa fue grande cuando la mamá entrega el sobre a su hija como despedida. Cuánta vida, cuánto amor, cuánta felicidad puede habitar y desbordar de un pesebre. A todas y todos mis mejores deseos para el año nuevo: ¡paz, alegría, salud y bendiciones del cielo!”.