OMPRESS-FILIPINAS (11-11-21) Miguel Ángel Monreal y Cristina Martínez son un matrimonio madrileño, del Camino Neocatecumenal, que viven, con tres de sus hijos, su compromiso misionero en una de las zonas más pobres de Cebú, Filipinas. Escriben desde allí agradeciendo oraciones y cartas.

“Llevamos como familia en misión en Filipinas desde enero de 1999. ¡¡Casi 23 años por pura gracia de Dios!! Llegamos aquí con 3 niños pequeñitos: Paloma, Josué y María y el Señor nos regaló otros dos aquí en la misión: Isaac y Samuel. Aquí en la isla de Cebú donde estamos en misión ahora siguen con nosotros 3 de nuestros hijos, los dos mayores ya se han casado y han seguido sus vidas donde el Señor les ha llevado y ¡¡ya somos abuelos de dos nietos preciosos!! El Señor nos ha concedido irnos haciendo mayores en la misión. ¡El mejor regalo que nos podía dar, a nosotros y a nuestros hijos!

Estos dos últimos años con la pandemia han sido muy complicados como para todo el mundo. Cuando comenzó el encierro en marzo de 2020, nosotros decidimos quedarnos aquí a pesar de que las restricciones eran muy duras. El ‘lockdown’ (aislamiento) aquí ha durado muchos más meses que en otros países. Nosotros estuvimos prácticamente encerrados, sólo saliendo a hacer la compra, hasta diciembre de 2020 que decidimos intentar ir a la boda de nuestro hijo en Chicago. El Señor nos concedió acompañar a nuestro hijo en su boda pero luego no pudimos regresar a Filipinas, cerraron las fronteras durante muchos meses y hasta el pasado mes de septiembre no hemos podido regresar. Acaban de empezar a dejar salir a los menores que han estado encerrados durante un año y medio, aquí las clases siguen siendo online por segundo curso consecutivo. La situación para los jóvenes y los niños es terrible. Por la pobreza de muchas familias ni siquiera pueden seguir la educación online porque no tienen internet, ni ordenador, ni nada… Así que los profesores preparan ‘módulos’ para que los niños los completen en casa y son los padres los que les tienen que explicar las lecciones. Podéis imaginaros la locura que es para los pobres padres que la mayoría trabajan y muchas familias tienen varios niños en diferentes cursos… Ahora parece que el gobierno empieza a plantearse abrir algunas escuelas en las provincias donde hay muy pocos casos de Covid. Esperemos que poco a poco se vayan abriendo más porque es una situación insoportable para muchos chavales, especialmente para los jóvenes, todo el día encerrados en casa y enfrente de las pantallas los que las tienen… También económicamente ha sido muy duro, aquí mucha gente vive al día, de lo que venden o consiguen en ese día, así que al haber estado encerrados durante muchos meses lo han pasado muy mal. Muchos han sobrevivido gracias a ayudas de la iglesia o donaciones de comida de gente generosa y a alguna pequeña ayuda del gobierno. Poco a poco se va recuperando la normalidad, se van abriendo los comercios y las fronteras, que hace mucha falta pues aquí mucha gente vive del turismo.

En cuanto a nuestra misión en concreto, nosotros desde que vinimos a Cebú, además de ser parte de la 2ª comunidad de San Isidro en Madrid, seguimos nuestra formación en la fe también con la primera comunidad de la parroquia de San Nicolás de aquí. Con ellos caminamos como cualquier otro hermano y formamos parte del equipo de catequistas de nuestra parroquia. Esta parroquia está en la zona más pobre de Cebú, muchos hermanos vienen de situaciones extremas de pobreza, de abusos, de vicios, etc… El Señor nos ha concedido a través de todos estos años ser testigos de cómo la Palabra de Dios, el anuncio del Kerygma, se ha hecho carne en muchos hermanos. Hemos visto verdaderas transformaciones en tantas familias, en muchos matrimonios y jóvenes. La mayoría de estos hermanos siguen siendo pobres pero Dios les ha concedido vivir como hijos suyos, les ha devuelto la dignidad de hijos de Dios que muchos por sus circunstancias habían perdido. Y ahora muchos de estos hermanos son un signo del Amor de Dios en medio del barrio, lleno de miseria, de drogas… ellos son una luz que hace presente a Jesucristo en medio de todo este sufrimiento, en medio de la Cruz. Para nosotros poder ser testigos de esto es un privilegio que no merecemos. Nosotros solo somos unos pobrecillos siervos inútiles de los que el Señor ha querido valerse para llevar a cabo esta misión preciosa.

Ahora que acabamos de volver estamos visitando a las comunidades y escuchando a los hermanos para poder darles una palabra de aliento. Nos cuentan verdaderos sufrimientos terribles que han pasado durante estos meses. Pero gracias a Dios la mayoría ha seguido yendo a la comunidad, todos estos meses han estado celebrando la Palabra y la Eucaristía por videoconferencias, muy, muy difícil y cansado, pero han perseverado. Sólo hace un mes que hemos podido volver a tener las celebraciones presenciales, ¡¡gracias a Dios!!

Bendecimos al Señor por seguir contando con nosotros, por seguir cuidando de nuestros hijos a los que nunca les ha faltado de nada. ¡¡El Señor es fiel!! Y vale la pena poder dar un poquito la vida para que otros se puedan encontrar con Él, para que puedan saber que Dios les ama a pesar de sus pecados y de sus sufrimientos, que Cristo les acompaña. Por favor no dejéis de rezar por nosotros y muy especialmente por nuestros hijos. El demonio no quiere en absoluto que sigamos en la misión y se vale de nuestras debilidades para hacernos tirar la toalla, y uno de los sufrimientos más duros es ver sufrir a nuestros propios hijos. Por eso os pedimos vuestras oraciones por ellos, para que el Señor les sostenga y puedan recibir el don de la fe. Muchas gracias de nuevo por vuestras muestras de cariño y vuestras oraciones. Rezamos por vosotros”.