OMPRESS-NÍGER (10-11-21) Es lo que ha recibido como “programa de vida” para su nueva misión en Dosso, Níger, el misionero Rafael Marco, de la Sociedad de Misiones Africanas. Rafael comparte cómo lo han acogido y la explicación de cada uno de los “regalos”.

“Ya llevo quince días en la misión de Dosso donde me habían nombrado poco antes de la asamblea diocesana. Y aquí vine a toda velocidad conducido por el escolta impuesto que tenía prisa en regresar a Niamey. Me acompañaban René, un seminarista SMA, ya treintañero, y un joven de la misión que había sido delegado a la asamblea. Y en el trayecto adelantamos alegremente a nuestros compañeros Habib y Jolidon que habían salido antes de nosotros y que seguirían hasta Dogon Dutchi, otra misión más lejana de la que iban a hacerse cargo después de tomar un café con nosotros en Dosso. Dos equipazos misioneros dispuestos a tragarse el mundo con las carreteras relucientes y abiertas en un país confinado, me decía yo al contemplar la juventud y el humor de mis hermanos; los dos reiniciábamos la aventura de la misión. Aúpa ya.

El escolta nos dejó a la entrada de la ciudad: ‘Salam aleikun’. Y se fue. A la paz de Dios. Y entramos en la misión de Dosso; las hermanitas burundesas, tan lindas, tan sonrientes, nos habían preparado un tentempié de media mañana y brindamos por esta aventura de nuestra vocación itinerante. Que Dios reparta suerte. Y Habib y Jolidon siguieron su camino tan felices. Nosotros también en Dosso respirando el aire nuevo, contemplando cada detalle, cada gesto, la amplitud de la casa, del patio, el brillo de los árboles y el polvo de la casa sobre el que escribíamos las primeras palabras en lengua songhay: ‘Kubeyni. Fonda kayyan’, nos saludaban y nosotros respondíamos: ‘Para servir a Dios y a ustedes’.

La acogida solemne fue el domingo durante la Eucaristía. Gabriel, el sacerdote que la presidía, nos presentó a la comunidad y nos deseó la bienvenida. Un anciano de la asamblea me ofreció una estera: ‘Para acoger, para escuchar, para hablar a tu nueva gente y dialogar con tu rebaño a la altura de las hierbas del campo y del polvo del camino’. Ya me lo sé, ya me lo han explicado, me decía para mis adentros. También me entregaron un par de sandalias: ‘Para que salgas, para que camines en busca de la oveja perdida. Aquí andamos todos un poco fuera de tiesto y desorientados’. Y un rosario: ‘Para que reces y nos enseñes a rezar’. Todo un programa que a mi entender no podía ser más completo. Y para concluir la acogida nos ofrecieron el ‘donu’, una bebida de leche y harina de mijo, fresca y dulce que recogía todas las promesas y solemnidades. Emocionante, alegre, entrañable, sencillo y profundo el ceremonial. Yo tenía el alma en vilo pero procuraba sonreír.

Durante toda la semana siguiente fui recibiendo visitas y, claro, escuchando los saludos y bienvenidas, consejos y quejas, algunos resentimientos y dolencias donde parecía apuntar una sensación de abandono fraguado en la ausencia. Lo cierto es que habían estado demasiado tiempo sin sacerdote, sin coordinación ni proyecto, a la buena de Dios y al buen tuntún… y ahora sentía como que todos me miraban y esperaban de mí una palabra salvadora: venga, levántate y anda. Yo, quieto en la estera y escuchando, intentando entender más allá de las palabras que oía, poniendo en funcionamiento la experiencia de tantos años africanos sin dejar de sonreír. Y es que esas palabras pesaban más de lo ordinario.

Al domingo siguiente les agradecí la acogida: ‘Salam aleikun. A la paz de Dios. Me disteis a beber donu y ese gesto es una alianza. Me habéis acogido y hoy formo parte de vuestra comunidad. Es nuestro pacto. Me ofrecisteis tres regalos: una estera, unas sandalias y un rosario. He empezado a llevar a cabo el programa que me brindasteis: la escucha y diálogo, la visita a vuestras familias y la oración. Comprendo que habéis pasado un tiempo difícil de soledad y que os habéis podido sentir abandonados, que no se os ha tenido en cuenta. Yo ahora os ruego que abandonéis vuestro resentimiento y amargura, se nos ofrece la oportunidad de redinamizar nuestra comunidad. Todos venimos de orígenes muy diversos y Dios nos reúne para ser testigos de su amor aquí, en Dosso. Os ruego que saquéis a relucir lo mejor de vuestro corazón, lo más generoso y atrevido. No he venido con un programa debajo del brazo, el proyecto es de todos y juntos lo vamos a realizar. De nuestra capacidad de don y sacrificio podrá renacer nuestra comunidad, nuestra familia; y de la gracia de Dios. Ahora soy yo el que os quiere acoger en la misión y por eso os invito a que esta tarde celebremos nuestra hermandad’. Así lo hicimos. Comimos, bebimos, cantamos y bailamos ‘al corro chirimbolo’ tropical, que bien bonito es, con los mejores augurios y bendiciones”.