OMPRESS-ECUADOR (21-09-21) Mons. Rafael Cob, obispo misionero burgalés, al frente del Vicariato Apostólico de Puyo, ha escrito para comentar el lema del Domund de este año, “no podemos dejar de hablar de los que hemos visto y oído”.

“Cuando nos acercamos a la celebración del mes misionero y la jornada del Domund 2021, no podemos dejar de pensar en la obligación de todo cristiano de ser misionero. El lema escogido por el Papa este año me parece muy acertado ‘No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído’. Lo que supone, que antes de hablar, hemos de haber oído y visto lo que queremos anunciar, o más bien no lo que queremos sino lo que debemos anunciar, porque es a Cristo a quien debemos anunciar y no a nosotros mismos.

Como nos recuerda el Papa, ‘cuando hemos experimentado la fuerza del amor de Dios, no podemos dejar de anunciarlo y compartirlo’. Debemos ser reflejo de Dios como Cristo es reflejo de su Padre. ‘Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo’, y tanto amó Cristo a su Iglesia que dio la vida por ella. Y nosotros, ¿qué testimonio reflejamos?

Es el amor, la clave y el motor que mueve la vida humana para entregarla. ¿Quién no puede reconocer que Dios es amor y nos ha amado? Si Dios nos dio la vida por amor, nos llamó y nos eligió por amor, hoy nos envía a ser su reflejo anunciando y compartiendo con nuestra vida, lo que hemos visto y oído. ¿Y qué hemos visto y oído? Su Amor.

¿Quién no se ha encontrado con Cristo en su palabra o quién no ha orado para oír en el silencio su voz? ¿Quién no ha contemplado y alimentado su vida en Cristo eucaristía? ¿Quién no ha experimentado la alegría del perdón, al ser perdonado y levantado de su pecado por la misericordia de Cristo? ¿Has sabido descubrir a Dios en la alegría y en el dolor del prójimo, de cuantos caminan al lado cada día? Cuando hemos practicado la caridad con el pobre y necesitado, difícilmente no dejará de contar lo que Dios dice y lo que Dios hace con cuantos se abren a su amor, escuchan su llamada y se ponen en camino, entonces solo entonces ,podremos ser testigos de un Cristo que vive y que se deja ver y escuchar.

También decimos: No podemos quedar indiferentes ante un mundo como el que nos toca vivir, con su realidad concreta, donde contemplamos que Dios es desconocido, que el amor de Cristo no ha entrado en el corazón de tantos hombres y mujeres en una sociedad materialista que está comprobando con la pandemia presente, la fragilidad de sus seguridades, derrotado en sus cálculos de poder, donde muchos padecen o son marginados en el sufrimiento de su enfermedad y de su pobreza, ellos también quieren ver y escuchar nuestro testimonio.

Si Cristo está en nuestro corazón, su amor nos impulsa y nos empuja a salir de nosotros mismos para ir al encuentro del otro, podremos compartir como Jesús compartió y entregó su vida, son su palabra y sus obras, como lo hizo la primera comunidad cristiana, oyó y vio el amor de Cristo traducido en caridad, esto les llevo a los discípulos de esa comunidad a decir ‘no podemos dejar de hablar lo que hemos visto y oído’.

El mensaje que oyeron y vieron lo compartieron, no pudieron quedarse a solas con el tesoro del amor de Cristo que sentían en su corazón, desbordaba en su testimonio y en su predicación, .Contagiaban a los demás con su palabra y con su ejemplo. ‘Nadie pasaba necesidad, vivían teniendo un mismo corazón y una misma alma’ Hech.4, 32.

La primera comunidad de los Hechos de los apóstoles manifiesta que juntos podemos hacer lo que nos parece increíble. El milagro de la caridad y de la unidad arrastra con una fuerza imparable como es la misión evangelizadora de aquella Iglesia, cuando como el apóstol podamos decir ‘ya no soy yo, es Cristo quien vive en mí’ Gl 2, 20. Entonces florecerá esa vocación misionera con un fervor como el de Francisco Javier, o con una entrega por los últimos como Teresa de Calcuta.

No fue fácil para la primera comunidad de cristianos anunciar el Kerigma con la novedad de un Cristo muerto y resucitado, ante un ambiente hostil a los principios evangélicos de entonces, como tampoco hoy. Es fácil ante un ambiente donde la sociedad materialista no reconoce otro Dios que la ganancia y el dinero frente a la gratuidad generosa del servicio misionero. El cristiano de entonces como hoy, debe romper esquemas mundanos y ofrecer el mensaje de la propuesta de la fe en Jesucristo vencedor de la muerte y la injusticia, propuesta para todas las culturas, mensaje de verdad y de paz para todos los hombres, que da frutos de amor y esperanza para el mundo entero. Hagamos de nuestras parroquias, comunidades que vivan la unidad de la caridad, la valentía de ser comunidad en salida y sinodal que juntos caminan hacia Dios. Como dice el Papa, en el contexto actual, urgen misioneros de esperanza que ungidos por el Señor sean capaces de recordar que nadie se salva por sí solo. Cristo nos salva como pueblo de Dios en salida y sinodal. Dios te llama hoy, Dios te muestra su dolor hoy. No debes dejar de hablar lo que hemos visto y oído “siendo misioneros, siempre misioneros porque Cristo es misionero y nos quiere misioneros”.