OMPRESS-GUYANA (2-02-22) Es lo que están ayudando a construir las Obras Misionales Pontificias, un convento que será casa para las religiosas, las Siervas del Señor y de la Virgen de Matará, y además centro misionero y de retiros. Las hermanas llegaron hace un decenio a Guyana, y no han dejado de dedicarse a la evangelización y a la cercanía.

Las primeras religiosas de esta dinámica congregación se establecieron en 2007 en Charity – “caridad” –, casi una premonición, una localidad al norte de Georgetown, la capital de este pequeño país de menos de un millón de habitantes. Su lugar de misión ha sido siempre la Parroquia de San Francisco Javier que abarca nueve comunidades esparcidas a lo largo de la costa y en los márgenes de río Pomerún. El apostolado que llevan a cabo va desde el catecismo a las misiones populares, pasando por las visitas a hogares, la cercanía a los enfermos o llevar la comunión.

En 2010, con diversas donaciones, las hermanas compraron los terrenos donde esperaban construir su convento, no muy lejos de la parroquia. Ahora por fin, con la ayuda de la comunidad local y de las Obras Misionales Pontificias, que les han hecho llegar 40.000 dólares, fruto de la generosidad de tantos fieles con el Domund, han comenzado la primera fase de construcción de lo que no solo será su hogar sino también un centro de ejercicios y de actividades con voluntarios. Un centro muy necesario para una Iglesia local, la de Guyana, que apenas cuenta con medios para atender a los más de 60.000 católicos del país.