OMPRESS-CHINA (3-05-22) El 1 de mayo de 1872 se fundaba la primera congregación china de religiosas en Pekín, las Hermanas de San José, una congregación que ha pasado por todo tipo de pruebas, guerras, persecución, aislamiento, pero que sigue viva 150 años después, con la misión y la evangelización en su país como carisma. Al celebrar estos 150 años la primera congregación nacida en China, quiere recorrer su historia, profundizar y revivir este carisma heredado de su fundador, el misionero paúl, Mons. Louis-Gabriel Delaplace, arzobispo de Pekín en aquel entonces y uno de los más inquietos misioneros de aquella época.

La “revolución cultural” que azotó China en los setenta, buscando acabar con el pasado, llevó a que las Hermanas de San José cerraran sus casas. Fue reabierta en 1986 con apenas seis religiosas en los suburbios de Pekín. Hoy la congregación celebra 150 años de fundación con un verdadero impulso pastoral y evangelización, con poco más de 50 hermanas, muy activas en diócesis, parroquias, escuelas, hospitales y hogares de ancianos. Periódicamente promueven además una “Jornada de Apertura” en su casa de Pekín, que acoge no solo a laicos católicos sino también a no cristianos. En este día presentan la historia y vida de la congregación, hacen un seminario o encuentro para intercambiar experiencias y, finalmente, una oración en la capilla, albergando en estas jornadas a más de 100 personas.

Los lemas de la congregación son dos citas del nuevo testamento: 1 Corintios 9, 19, “Me he hecho siervo de todos, para ganar al mayor número”, y Lucas 17, 10, “Cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid: Siervos inútiles somos, porque sólo hicimos lo que debíamos hacer”. La Congregación fue fundada por Mons. Louis-Gabriel Delaplace, CM, arzobispo de Pekín en 1872. Al parecer, mientras meditaba y oraba, aquel obispo misionero recibió la inspiración de fundar una congregación religiosa china, con San José como patrono. La propuesta llegó a debatirse en el Concilio Vaticano I, de 1870 y, dos años después, se fundaba la Congregación de San José, con religiosas que procedían exclusivamente de Pekín y sus alrededores. Según su fundador, la finalidad principal de la Congregación debía ser el servicio eclesial y social y la misión. En 1941, la congregación reformó su estructura, modificó sus constituciones y su hábito religioso.