OMPRESS-GUINEA (19-11-21) El misionero salesiano Rafael Sabé comparte, desde Guinea Conakry, comparte una experiencia vivida en la misión, de las muchas que ha atesorado desde que llegara a este pequeño país de África occidental.

“Hace unos años, viajando por la región selvática de Duekoue, al pasar por un pueblo, el catequista al percatarse de mi presencia me gritó para que parara el coche. Me paré, y con mucha preocupación me dice: ‘Rafael Tendrías que llevar ahora mismo una muchacha al hospital de Duekoue’. ‘¿Qué le pasa?’. ‘Está vomitando sangre’. ‘Si está vomitando sangre quiere decir que está muy grave’. Nos fuimos rápidamente a su choza y entré sin percatarme que dentro de la misma había muchas personas contemplando lo que pasaba. Me di cuenta de que era una joven de unos veinte años. Y efectivamente estaba vomitando sangre.

Sin pensármelo, pregunté: ‘¿Está bautizada?’. ‘No, pero es catecúmena’. ‘Traedme agua’. Como estábamos en pleno mes de octubre y como la patrona de la parroquia de Duekoue es santa Teresita del Niño Jesús, dije: ‘Teresita, yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo’. Al terminar de decir estas palabras, Teresita se levantó y me abrazo profundamente quedando literalmente muerta entre mis brazos, de tal manera, que tuve que deshacerme de sus brazos para dejarla en el suelo.

En esta región, existe la convicción de que, si muere un joven, no un anciano, habrá más de un difunto ese día. Por esto todos los presentes empezaron a gritar como nunca. Es como si todo el mundo hubiera perdido la cabeza. Estaban ahuyentando la muerte para que se fuera. Et terror se había apoderado de los presentes. Me quedé de pie, fuera de la casa, esperando que la gente se calmara. Poco a poco la gente fue rodeándome y al ver mi sangre fría, todos se fueron calmando. Y fue entonces cuando pregunté a los presentes: ‘¿A quién ha entregado la muchacha su alma?’. Alguien respondió: ‘A Dios’. El que sería el jefe o el alcalde de este pueblo, que había visto todo lo que había pasado, dijo textualmente: ‘Sí, es verdad, esta chica ha entregado su alma a Dios. Yo he visto con mis propios ojos que moría en los brazos del padre Rafael’. ‘Sí, ella ha entregado su alma a Dios y Dios es misericordioso. ¿Por qué tanto miedo? Ella está en el cielo, participando de la gloria de Dios. Ella os enviará bendiciones y no maldiciones’.

El jefe del pueblo me dijo textualmente: ‘Padre, podéis enterrarla según la tradición cristiana, ya que verdaderamente ha muerto cristianamente’. Y es aquí que comprendí lo que estaba pasando. Se trataba de un pueblo donde todo el mundo, sea cristiano o no, en el caso de fallecimiento, debía ser enterrado imperativamente según las costumbres locales. Finalmente, el jefe del pueblo me dijo textualmente: ‘Padre, haga los funerales según la costumbre de los cristianos’. Ese día, por primera vez, el jefe del pueblo asistió a la misa funeral por la difunta Teresita”.