OMPRESS-TAILANDIA (13-01-22) El misionero Attilio De Battisti ha pasado su duodécima Navidad en Tailandia, un país de mayoría budista, donde el 25 de diciembre, en los medios de comunicación del país, no es el Niño Jesús el protagonista sino Papá Noel. Por eso el esfuerzo de los cristianos es recordar a ese niño, por quien se celebra la Navidad.

Tailandia es un país de religión y tradición budista. Los católicos son solo el 0,5% de la población y están dispersos principalmente en pequeños pueblos rurales y de montaña. El padre Attilio, entrevistado por SIR, la agencia de noticias de la Conferencia Episcopal Italiana, explicaba que los tailandeses saben de la Navidad tanto como nosotros sobre el Visakha Puja, que es la solemnidad del cumpleaños de Buda. No es de extrañar que los tailandeses piensen que la Navidad es la fiesta de cumpleaños de Santa Klaus. Ven anuncios, películas, centros comerciales, tiendas, decoraciones que hablan solo de renos, regalos, Papá Noel y nieve. A pesar de los 30 grados que hace en Tailandia en pleno diciembre.

Los misioneros se esfuerzan por llevar la atención la atención a Jesús. Así las parroquias intentan tener un gran belén grande en la iglesia – enviado quizás desde Italia –, poner grandes ha (quizás enviado desde Italia), ponen grandes vallas publicitarias para colgar en la fachada. Pero el 25 de diciembre ni siquiera es fiesta en el calendario tailandés y se debe solicitar el permiso de los directores de los colegios para permitir que los alumnos católicos se queden en casa para participar en las celebraciones. Afortunadamente, los directores suelen permitir estas iniciativas.

Aunque es difícil introducir el “belén”, cuenta el padre Attilio, en las familias (simplemente no hay), una tradición que sí se ha generalizado es la de colgar una estrella brillante (quizás de papel de seda y bambú) en la puerta de la casa. Incluso en las parroquias se realizan desfiles, más o menos solemnes, con grandes estrellas, en memoria de la del pesebre. En muchos pueblos donde el sacerdote no llega con frecuencia, los mismos catequistas o guías de oración realizan una liturgia de Navidad “elevando la estrella” con el pequeño grupo de católicos. No hay comidas típicas para la ocasión, salvo que es posible hacer una obra de teatro navideña a cargo de los niños y con la asistencia de la gente de los distintos pueblos cercanos. En ese caso se comparten platos y comidas típicas de las etnias locales, que son muchas y muy diferentes en cuanto a costumbres, lengua y tradiciones.

Desgraciadamente, la espera de los regalos está asociada a la Navidad porque precisamente en ese período, invierno y cercano a la víspera de Año Nuevo, las instituciones públicas también donan mantas, gorros, chompas, guantes, medias, galletas. Los mismos católicos ya saben que en Navidad llegan benefactores, políticos, industriales, voluntarios de organizaciones e incluso instituciones religiosas para llevar paquetes a niños o ancianos. Evidentemente a nombre del Rey, del diputado, o del gerente de turno. Jesús, en este caso, realmente no tiene nada que ver con eso…

“Ambigua”, explica el misionero, “pero muy esperada es la misa de la noche del 24 ó 25 de diciembre seguida del sorteo parroquial y, en lo posible, de la cena comunitaria. Para un tailandés, el festival se expresa esencialmente de esta manera. Los misioneros siempre hemos tratado de dar a conocer el significado de la Navidad: imprimimos pequeños libritos o folletos para repartir en los mercados o en los lugares de reunión de la gente; inventamos maneras de resaltar la escena navideña con la gruta de Belén o con el Niño Jesús. Sin embargo, los católicos, incluso sin muchas herramientas, están felices de que sea Navidad y que se destaque al niño Jesús”.