OMPRESS-VENEZUELA (13-07-21) Los obispos venezolanos, tras su Asamblea Plenaria anual, hacían pública ayer una exhortación dirigida a “todo nuestro pueblo venezolano”, un mensaje de esperanza en el amor de Dios “en medio de tantas calamidades y sufrimientos que nos aquejan”. Hacían en este mensaje un repaso a la actual realidad de Venezuela, comenzando con la grave situación sanitaria, “con el aumento exponencial que estamos sufriendo con la pandemia del covid-19”, con hospitales que carecen de lo necesario, el personal no tiene el equipamiento adecuado y las personas no pueden afrontar el coste de las medicinas. Piden además que se siga el llamamiento de las diferentes academias científicas de Venezuela que han pedido “no implementar la vacunación en el país con la vacuna denominada ‘Abdala’, pues, es considerada por ellas ‘un experimento biológico no autorizado’”. Y advertían que “no se puede jugar con el derecho sagrado a la salud”. También señalaban, apuntando a la crisis educativa que vive el país, lo ilusorio de “pretender que la educación formal se haga por Internet es una ilusión, pues, menos del 20% de las familias tienen acceso a este servicio”.

Deploraban además “la situación de violencia que en los últimos días ha ocurrido en la ciudad capital, provocada por grupos armados irregulares y bandas criminales, que también tienen presencia en el resto del país”. Recordaban además que, “en múltiples oportunidades, hemos denunciado las violaciones a los derechos humanos que han sufrido y sufren personas e instituciones en nuestro país. Estas violaciones han sido confirmadas en los diversos informes presentados por la Alta Comisionada para los DDHH de la ONU”. Desgraciadamente sigue esta situación, como se ha evidenciado con las detenciones sin garantía alguna de los miembros de una ONG dedicada a la defensa de los derechos humanos. Advertían también del peligro real de imponer la llamada “ideología del género” y de la desconexión de los políticos “con los problemas del pueblo”.

“Como pastores”, concluían, “nos preocupa la situación de deterioro general que sufre el país, pero mantenemos y animamos la esperanza que brota del Evangelio que si se puede revertir tal deterioro”. Por eso, “es urgente que cada uno de nosotros, como personas y como pueblo, contribuyamos a la reconstrucción de nuestro país”. Se trata de “escuchar el grito angustioso y esperanzador de los pobres”.