OMPRESS-ANGOLA (11-11-21) En 2018 el Papa Francisco aceptaba su dimisión como obispo de Benguela y, poco después, le nombraba cardenal. Es Mons. Eugenio Dal Corso, que llegó como misionero desde Italia, fue nombrado obispo y ahora, retirado, se le encomienda una misión que no tiene sacerdote. Él mismo cuenta que “tras una serena reflexión, acepté la inspiración de continuar mi vida misionera en Angola”, porque “mientras el Señor me dé fuerzas, soy misionero para evangelizar y dar a conocer a Jesús a todos, especialmente a los más lejanos y necesitados”.

Ahora su destino misionero es el Centro Pastoral “Santa Josefina Bakhita” en el municipio de Caiundo, municipio de Menongue, provincia de Cuando Cubango. Este Centro depende de la Parroquia de la Catedral de Menongue, aunque los separan nada menos que 140 km. A este destino llegó don Eugenio en julio de 2018, tras dejar la diócesis de Benguela. Esta misión tenía los fines de semana, de 1990 hasta hace cinco años, al padre João Bosco, un misionero brasileño que hizo mucho con los jóvenes y que todavía es muy recordado. En los últimos 5 años venía de vez en cuando un sacerdote diocesano a celebrar misa, con suerte una vez al mes. Gracias a Dios, cuenta don Eugenio, la misión ha estado siempre atendida por un Catequista General y por los Catequistas Itinerantes. Una misión, la de Caiundo, a la que hay que sumar otros 12 centros catequéticos, uno a unos 80 km de distancia. La localidad de Caiundo tiene unos 3.700 habitantes y sumando las 15 aldeas más importantes sumará unos 24.000 habitantes.

El hasta 2018 obispo de Benguela, y cardenal de la Iglesia romana – lo nombró el Papa Francisco en septiembre de 2019 claramente como un reconocimiento a toda una vida de entrega a la Iglesia – se ha puesto manos a la obra. “Aquí en Caiundo”, cuenta, “me gustaría restaurar la capilla, adecentar la casa de los sacerdotes, ‘motorizar’ los desplazamientos, restaurar al menos otro de los edificios para usarlo como salón parroquial, y, si Dios quiere, y lograr que la misión se convierta en una verdadera parroquia”.

Para todo ello ha solicitado ayuda a las Obras Misionales Pontificias, aunque es consciente de que hay “muchas solicitudes de muchas partes del mundo y todas merecen atención y apoyo. Mirando el camino que hice como obispo de Saurimo primero y de Benguela luego, solo puedo agradecerles la abundante ayuda que siempre me han brindado para lograr que sacerdotes, religiosos y religiosas tuvieran unas condiciones de dignidad mínima para difundir el Evangelio, anunciando el amor de Dios a los más alejados”. Gracias a la generosidad con el Domund de tantos fieles en el mundo, se han aprobado ayudas para la capilla, la casa sacerdotal y la sala parroquial.

Y gracias también al apoyo de la diócesis de Menongue y con fondos suyos, Don Eugenio ha conseguido libros y publicaciones en idiomas y dialectos locales para la catequesis. En su primera visita bautizó a 110 cristianos y cuenta cómo constató, “personalmente el deseo de conocer a Jesús, por parte de esta gente humilde y las dificultades que tienen para acceder a la liturgia”. Así que continuará adelante con su labor misionera mientras “el Señor me dé fuerzas”.