OMPRESS-PERÚ (19-10-21) Así de joven partió Juan Febrero Fernández, desde su Villanueva del Campo, en tierras de Zamora, a Ica, en el desierto costero del Perú. Incluso se ordenó sacerdote allí. Ha vivido desde entonces lo que dice el lema del Domund que el Papa Francisco ha propuesto para este año: “Cuenta lo que has visto y oído”.

“Soy Juan Febrero Fernández, sacerdote diocesano que fui de seminarista al Perú, a la ciudad de Ica en la costa peruana a 311 Km. al sur de Lima, en enero de 1973 por mediación del IEME (Instituto Español de Misiones Extranjeras), al que pertenezco, y ahí seguimos. En Ica, (Perú) me ordené en 1975.

¿Qué vimos y oímos a lo largo de estos 48 años? Una población bastante joven: muchos matrimonios jóvenes, jóvenes y niños; mucha alegría, esperanza e ilusión. Celebrar en familia y en comunidad las fiestas religiosas, los sacramentos, los cumpleaños, son acontecimientos que marcan la vida del pueblo. Nosotros los vivíamos, y seguimos viviendo, compartiendo con la gente. Para ellos, que el padrecito comparta la mesa con ellos, la fiesta, no sólo la mesa de la Eucaristía, es signo de cercanía, de amistad. Sí, he celebrado la Eucaristía con ellos, pero también he bailado y me he alegrado con la gente del pueblo en sus fiestas y cumpleaños. Es parte de la evangelización.

Siempre en salida, al encuentro con la gente, ya en las barriadas de Ica o en los centros de trabajo: vendedores de periódicos, limpiadores de la calle, pequeños comerciantes, los barrios de Juliaca o asentamientos humanos de Lima, o los campesinos de las comunidades o caseríos para hablar con ellos, acompañarles en sus reivindicaciones por la tierra, un salario justo o las necesidades básicas como el agua o la luz. Estar en sus reuniones, celebrar sus fiestas. Una Iglesia que acompaña, se encarna y se inculturiza, no ajena al dolor y sufrimiento que causa la injustica y la opresión, y concientiza desde el evangelio: Mt 5, 1-16; Lc 4, 18-19.

Te encuentras con el hambre, con papás ausentes y mamás asumiendo la responsabilidad de papás y mamás y cómo llevar un pan para sus hijos, y en esa realidad has visto la solidaridad de las mujeres en los comedores, los clubs de madres, las ollas comunes. Ahí hemos evangelizado a partir de la lectura de la Palabra de Dios, compartiendo con ellas la reflexión y la oración, y animándolas en la organización y en la concientización de su dignidad como mujer. Hemos visto una sociedad muy joven por el número de niños y jóvenes, y al encuentro de ellos hemos ido, por eso hemos sido profesores de religión, hemos jugado al futbol con ellos, hemos organizado campamentos y retiros. A partir de ahí hemos organizado los grupos juveniles de la Pastoral Juvenil, los catequistas de niños, adolescentes y jóvenes. Periodos de Formación con ellos ha sido gran parte de nuestra Misión Nos hemos acercado a las esquinas para hablar con ellos, a esos jóvenes en riesgo por la droga y la violencia, con ellos nos hemos hecho amigos y hemos organizado campeonatos de fulbito entre pandillas para demostrar que pueden jugar entre ellos sin que haya violencia, que son jóvenes de un mismo barrio y sufren los mismos problemas: familias desestructuras, violencia familiar, pobreza. Que Jesús les ama, que la iglesia no los ve como pecadores perdidos, que queremos ser sus amigos.

La catequesis, espacio de formación y preparación para los sacramentos, de acercamiento a las familias. Los papás quieren que sus hijos reciban los sacramentos, sobre todo el Bautismo y la Comunión, por eso la catequesis es un lugar privilegiado de evangelización a los niños, jóvenes y a las familias. La catequesis familiar es una prioridad en la tarea misionera porque te reúnes con los papás cada semana, compartes la Palabra y la vida. Tratas de formar comunidad y despertar el compromiso evangelizador en los papás. Los cursos de Formación Bíblica nos han acompañado en el camino de Evangelización. La Biblia ha sido siempre el gran referente, la Luz que nos lleva a despertar al seguimiento a Jesús. Como decía Monseñor Angelelli, obispo mártir de la Iglesia de Argentina: Hay que tener los dos oídos bien atentos: uno a escuchar al pueblo y el otro a la Palabra de Dios.

En este caminar nos hemos encontrado que el Perú, después de Brasil, es el país con mayor número de pacientes de TBC y el primero de América Latina en drogo resistentes (MDR y XDR), y no podemos pasar de largo. Jesús escucha el clamor del enfermo, del leproso, del paralítico, se acerca a ellos, les toca y les pregunta: ¿qué quieres? Con ellos nos hemos encontrado en los barrios, nos hemos acercado y convocado para organizarse y organizados reclamar sus derechos a la medicación y canasta de alimentación, a tener un seguro de salud, y no ser estigmatizados por la sociedad. Los años van pasando y los jóvenes de ayer son los adultos de hoy. La población de mayores ha crecido en el Perú, en estos años la edad media ha crecido. Hay una población significativa de mayores y a ellos se les ha convocado para que tengan un espacio de diálogo, de encuentro, de esparcimiento. En el Perú la atención a la tercera edad no piensen que es como en España, porque apenas la hay. No da muchos votos.

A lo largo de estos años hemos caminado viendo cómo el pueblo vive, escuchando su clamor, acompañándoles en sus luchas y esperanzas, como nos dice el libro del Éxodo: ‘He escuchado el clamor de mi pueblo’. Queriendo y dejándonos querer por la gente. Hemos visto cómo la gente ha crecido, ha mejorado sus condiciones de vida, sus hijos han podido estudiar y tener una fuente de trabajo. Han crecido en la fe y en el compromiso con el seguimiento a Jesús en su vida cotidiana. Por supuesto que he tenido dificultades, piedras en el caminar. Es parte de la Misión. Las tentaciones de Jesús en el desierto antes de iniciar su Misión, son un adelanto de lo que se le iba a presentar, con lo que se iba a afrontar. Son una enseñanza, porque siempre tendremos tentaciones y a ellas hay que afrontarlas. Jesús nos enseñó que el camino es la oración, y por eso la oración es parte importante en la Misión. Oración con el pueblo, oración personal”.