OMPRESS-UCRANIA (1-03-22) Es lo que dice la hermana argentina María Cristiana Demianczuk, misionera de las Servidoras del Señor y la Virgen de Matará, desde Ucrania en donde lleva ya 23 años, y añade que “intentamos poner todo en manos de Dios”. Son declaraciones a AICA, de la Conferencia Episcopal Argentina. “La guerra la estamos viviendo como lo que es: un momento difícil, muy difícil”, cuenta la religiosa, nacida en San Rafael, Mendoza, y que el pasado jueves sentía temblar su casa con los primeros bombardeos.

La religiosa argentina, que llegó a Ucrania con 21 años y hoy tiene 44, relató cómo vivieron esos primeros momentos dramáticos en los que los misiles rusos cayeron a pocos metros de su casa: “El día que empezó la guerra, estábamos despertando a las 8 niñas de nuestro pensionado y a dos niñas más que estaban de visita, para avisarles que los noticieros informaban que el conflicto había comenzado. Queríamos darles la noticia lo más suavemente posible, cuando el aeropuerto de Ivano-Frankivsk, a menos de un kilómetro de nuestra casa fue alcanzado por los misiles rusos”. Recuerda que “fue un momento bastante aterrador y además del ruido ensordecedor sentimos como si la casa se moviera, pero no sufrimos ningún daño material”, contó la hermana Cristiana y agregó: “Después de que el aeropuerto sufriera el ataque, las hermanas de la comunidad que trabajan en nuestra escuela junto con las 10 niñas y las novicias decidimos dejar la ciudad de Ivano-Frankivsk”.

Tras resolver “miles de imprevistos en esos primeros momentos”, las religiosas y las niñas se trasladaron en un fatigoso viaje hacia la región montañosa de Zakarpattia, donde “no nos va a faltar agua ni leña”, dijo la hermana Cristiana, que ya había comprado remedios y otros elementos con anticipación. Durante todo el viaje estuvo contestando llamados de las mamás de las niñas o algún familiar que buscaban respuestas y querían saber cómo se encontraban.

“Nosotras ya estamos en Zakarpattia, pero todavía hay religiosas nuestras en ciudades como Ivano-Frankivsk, Burshtyn y Ternopil y sacerdotes de su Familia Religiosa, el Verbo Encarnado, que permanecen en sus lugares de misión. Algunos en lugares de alto riesgo como Skadovsk y Kramatorsk”, advirtió la religiosa argentina.

La hermana Demianczuk dedicó un recuerdo especial al “apoyo del Papa Francisco que también se hace sentir. He visto cómo muchas personas comparten oraciones por la paz y el llamamiento a la paz que Su Santidad realizó en las últimas horas, así como los esfuerzos diplomáticos de la Santa Sede”. Además reconoció que “más allá de todos los esfuerzos diplomáticos, las colectas para enviar fondos a la gente más necesitada aquí en Ucrania y demás iniciativas tendientes a buscar la paz y ayudar al pueblo ucraniano, lo más importante es la oración. Yo agradezco, y lo hago en nombre de todas las religiosas aquí y también de la gente con la que trabajamos, por todas sus oraciones por la paz no sólo en Ucrania sino a lo largo y ancho del mundo. Gracias. Nos encomendamos a sus oraciones”.