OMPRESS-ROMA (6-09-21) Ayer la Iglesia conmemoraba a la Madre Teresa de Calcuta, y el Papa Francisco, durante el Ángelus de este domingo, pedía “¡Un gran aplauso!”. Y añadía: “Saludo a todas las Misioneras de la Caridad, comprometidas en todo el mundo en un servicio a menudo heroico, y pienso en particular en las Hermanas del ‘Don de María’, aquí en el Vaticano”.

Agnes Gonxha Bojaxhiu nació el 26 de agosto de 1910, hizo sus votos religiosos en 1931 y adoptó el nombre de Teresa en honor de la patrona de la misiones, Santa Teresa de Lisieux. Fundadora de las Misioneras de la Caridad en 1950, se dedicó con sus religiosas a aliviar el sufrimiento de pobres, enfermos y moribundos. Fueron numerosos los reconocimientos que recibió a lo largo de su vida: el primer Premio de la Paz del Papa Juan XXIII en 1971, el Premio Nobel de la Paz en 1979 y el más alto honor civil de la India, el “Bharat Ratna” (Joya de la India) en 1980.

La Madre Teresa murió en 1997 a la edad de 87 años. El gobierno indio le concedió un funeral de Estado en reconocimiento a sus servicios a los pobres de todas las religiones en la India. Fue beatificada por San Juan Pablo II en 2003. El Papa Francisco la canonizó en vísperas del aniversario de su muerte el 4 de septiembre de 2016.

Su labor la continúan las Misioneras de la Caridad. Una labor que suele ser silenciosa pero que, en ocasiones, aparece en las noticias, como la llegada a Roma en estos últimos días, de cinco Misioneras de la Caridad. Llegaron desde Kabul con 14 niños afganos discapacitados. Ellas viven lo que la Madre Teresa vivía todos los días y lo manifestaba en una entrevista: “Cada persona es Cristo para mí, y como hay un solo Jesús, esa persona es la única persona en el mundo para mí en ese momento”. A veces puede parecer, y “nosotras mismas sentimos, que lo que estamos haciendo es solo una gota en el océano. Pero si esa gota no está en el océano, creo que el océano será más pequeño porque le falta esa gota”.